domingo, 6 de enero de 2013

El peluquero



Las confidencias fueron la clave. Nunca dejo de sorprenderme a mí mismo, es más, creo ser un caso único en la historia, sino díganme ustedes cuántas personas conocen que se enamoran de otra con lo que le cuentan de ella?
Los encuentros siempre fueron casuales, imprevistos. Jamás me animé a decirle nada, aunque bastaba su cercanía para que mi corazón se acelerase, mis manos comenzaran a transpirar, y su sola presencia me ponía nervioso. Para mí fue sencillamente increíble aceptarlo, ya que hasta ese momento desconocía que una persona así pudiera atraerme tanto. Mi sangre se alborotaba, me quedaba horas callado, pensando en cómo serían sus besos, sus caricias... Me enamoré de su juventud, de sus sueños, de sus proyectos para la vida, de su simpatía, de su sonrisa... Supe desde un principio que lo nuestro era imposible, aun así no pude evitar enamorarme como un adolescente a pesar de mis cuarenta y ocho años.
Cuando entraba en la peluquería mis mejillas se sonrosaban, me volvía torpe en un estúpido intento de que me viera atractivo, irresistible, cautivante...

Entró al local sumamente alterado, llevaba un arma en su mano. En  ese instante comprendí todo, demasiado tarde. Primero le disparó a su mujer, y cuando me apuntó a mí, de nada sirvió que le confesara cuanto lo amaba...

miércoles, 2 de enero de 2013

Una voz


Llegó a casa tarde, estaba agotado. Se descalzó y prendió la televisión. En el camino apretó el contestador para escuchar los mensajes. Volvió sobre sus pasos al oír una voz de mujer, melodiosa, suave, envolvente. Pronto comprendió que el mensaje no era para él , la dama se había equivocado de número.Volvió a escucharlo"Quería saludarte para fin de año, espero que a las doce brindes tambien por mi, te extraño, espero verte pronto..." Ni siquiera reaccionó cuando el tono de ocupado penetró molesto en sus oídos. Su mente vagaba imaginando a la dueña de esa voz sensual. Esa noche le costó dormirse, cuando por fin lo logró desfilaron por sus sueños rostros femeninos sonriéndole, llamándolo, seduciéndolo...


Se despertó temprano y fue corriendo a escuchar la grabación, una y otra vez... Perdió la cuenta de cuantas veces la oyó. Estaba fascinado, cautivado. Esa noche después de trabajar no volvió a casa, se sentó en la barra de Joe's mirando, buscándola...Habló con todas las mujeres que estaban en el lugar, después de unos minutos meneaba la cabeza, dejando a sus interlocutoras frustradas, fastidiadas, enojadas, curiosas. No se dio por vencido, al día siguiente volvió, y al otro, y otro también. No la encontró, estaba dispuesto a seguir buscándola, ella debía estar en algún sitio. El la encontraría, mientras tanto la tenía atrapada en una cinta, y todos los días le hablaba a él.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Aquella puerta en Katmandú



Este mes en el Proyecto de Adictos a la Escritura la propuesta consiste en hacer un relato a partir del título que nos de otra persona. A mi me tocó Aquella puerta en Katmandú propuesto por " La Novia".



Estaba todo listo. La ropa empacada, el boleto, el pasaporte. El momento tan esperado había llegado. Me sentía extraña, supuse que era por tanta excitación. Había soñado con este viaje desde que tenía memoria. Nadie entendía por qué había elegido un destino tan exótico. Yo tampoco. Hacía tiempo había dejado de cuestionarme todo. Mi psicólogo así lo había aconsejado. Mi búsqueda interior era intensa, incesante, agotadora. Era el momento de disfrutar. Encontrarme conmigo misma, alejarme de todo y de todos. Reunir el dinero fue un gran desafío, trabajé incansablemente y eso hacía que sintiera orgullo de mi misma. Emprender este viaje a un lugar tan lejano, desconocido y sola me llenaba de adrenalina. Sabía que era necesario, aunque no supiera bien por qué.
El viaje fue larguísimo, interminable. Llegué al hotel .Estaba exhausta así que preferí dormir unas horas y luego salir a comer algo. La cama me atraía como un imán, caí agotada. Tuve un sueño muy extraño, imágenes que se entremezclaban sin sentido. Me desperté empapada en sudor, fui a ducharme.Logré sentirme un poco mejor, aunque el sueño rebotaba en mi cerebro, fastidiándome.
Salí a caminar, era una noche agradable. Busqué un lugar para comer, me sentía famélica. Encontré un sitio acogedor, con aromas atrevidos e invitantes, tomé una gaseosa mientras esperaba la comida. Me sentía bastante más animada y decidí dar una vuelta antes de regresar al hotel. Caminé por callecitas estrechas, con adoquines desparejos, casas viejas, pintadas de amarillos y ocres. Quedé de una sola pieza al ver una puerta, en forma de arco, de madera oscura y muy gastada. Esa misma puerta había aparecido en mi sueño, no tenía ninguna duda. Salí corriendo, espantada. Al llegar al hotel, intenté tranquilizarme. Mi reacción no tenía sentido, me enojé conmigo misma y prometí que mañana bien temprano volvería.
A las ocho desperté relajada y feliz. Mi promesa de ayer empujaba, apretaba en mi cerebro. La ignoré. Después de desayunar decidí pasear por la ciudad, tomar fotos, comprar algún recuerdo, de otro modo mis hermanos menores no me lo perdonarían. Fui exactamente para el lado contrario que ayer, no quería volver "ahí". Me estaba comportando como una idiota, lo sabía, no podía evitarlo. No entendí como aparecí frente a la misma puerta de mi sueño, esa que había intentado ignorar todo el día. Antes de que pudiera reaccionar la puerta se abrió. Ahogué un grito. Frente a mi estaba yo misma, es decir, una mujer idéntica a mí, solo que vestía diferente, con una especie de pañuelo que se cruzaba por la espalda y un hombro, el pelo recogido y tirante hacia atrás. Entre sus cejas una especie de lunar pintado de rojo. Me abrazó fuerte sin darme tiempo a nada. Quería salir corriendo otra vez, sólo que esta vez una fuerza poderosa y desconocida me lo impidió. La mujer me llevó adentro, el lugar me dejó sin aliento. Alfombras y almohadones recubrían todos los espacios, existía un magnetismo indescriptible. Un sitio desconocido y a la vez absolutamente familiar. En ningún momento la mujer soltó mi mano, hasta que me acostumbré a ella. Me transmitía calidez, confianza. De algún modo me completaba, llenaba todos esos espacios vacios que siempre me habían molestado. No entendía lo que estaba pasando, dónde estaba ni con quién, sin embargo una sensación de plenitud se apoderó de mí.

- Bienvenida, por fin llegas, te esperé mucho tiempo. Me reconocí en su sonrisa.
Mis ojos estaban llenos de interrogantes, que saltaban ansiosos por ser respondidos.
- Me llamo Aishwarya y soy tu hermana. Fuimos separadas al nacer. Sus palabras descorrían lentamente un velo que hasta ese momento ignoraba que existía.
Preguntas que nunca fueron formuladas se encontraron con las respuestas que había venido a buscar.
- ¿Como me encontraste?
- Tú me encontraste a mí ¿recuerdas?
Una carcajada liberó la tensión que se anudaba en mi garganta. Abracé fuertemente a Aishwarya, mi hermana. Paladeé esa palabra cual dulce caramelo. Me senté frente a ella y dije:
- Ven, tenemos mucho de qué hablar.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Nelly

Llegaste unos minutos después que yo. Te sentaste a mi lado, justo frente a la puerta del consultorio. Era temprano y aún no había muchos pacientes esperando. La conversación fluyó y en pocos minutos sabíamos mucho más la una de la otra de lo que se podría imaginar entre dos desconocidas.


Supe de tu dolor, conociste mis miedos. Los velos de las confesiones que uno guarda para si fueron descorridos con increíble naturalidad.


La doctora llegó y nuestro tiempo compartido terminó, dejándonos hambre de más.


Nos despedimos apuradas, sabiendo tan sólo nuestros nombres...


Todo el día pensé en vos, me trajiste recuerdos de personas que ya no están a mi lado. Sentí la tibieza de tu corazón que con una mano invisible tocó el mío. Por unos minutos las ausencias se llenaron de vos.


Seguramente nos habíamos conocido en otra vida, en otro tiempo, en otro espacio. .. La conexión que tuvimos no pudo haber nacido ayer. Sentí que alguien desde algún lugar me mandaba un mensaje a través .tuyo. Tuve la suerte de comprenderlo, de que no pasara desapercibido.


Sé que volveré a verte, quién sabe, algún día, en algún lugar... Es que aún nos queda mucho por hablar...

viernes, 14 de diciembre de 2012

Una tarde maldita


Su piel era tan blanca, tan suave, tan tersa. Su aroma lo envolvía, lo atraía como un imán. No pensó que estaba mal lo que sentía, no censuró esa atracción que ella le provocaba.  Aprovechó una tarde en que se habían quedado solos. La llamó y comenzó a excitarse con solo verla aparecer. Era tierna, dulce, angelical. Un cosquilleo en su ingle desencadenó lo que tanto tiempo había soñado, hacerla suya, poseerla, ser su primer y único dueño.
El mundo rosa, mullido, acogedor se transformó en un instante en una caverna fría y oscura. No comprendió porque, no sabía qué hacer con ese dolor que la desgarraba por dentro. Quería gritar, mas su grito quedó petrificado bajo su peso, su fuerza, estrellándose y haciéndose añicos, como un espejo roto en mil pedazos. Y cada uno de esos vidrios se incrustaba a un mismo tiempo, provocando un dolor indescriptible. Le dolía el cuerpo, si, y le dolía más la decepción, la sorpresa, el derrumbe de su vida.
No sabía a quién acudir, él le había asegurado que nadie le creería, que la tomarían por loca, que la encerrarían… No supo qué hacer, por algún motivo le creía, a la vez que le temía. Su alegría la había abandonado aquella tarde para siempre. Nunca más volvió a sonreír. Se limitaba a hacer todo lo que esperaban de ella, era como si viviera en piloto automático.
La escena se repitió una y otra vez. Durante seis largos años. Seis largos años que le fueron robados, ultrajados, asfixiados. Seis largos años de almohadas empapadas, de sueños aplastados, de inocencia arrebatada. Seis largos años que ella tomó un día entre sus manos temblorosas y tomó una decisión  definitiva.
Cuando abrió la puerta se sorprendió de ver a dos policías. Traían una orden de arresto. Las palabras comenzaron a hacer piruetas en el aire, dejó de escucharlas, sólo algunas sueltas llegaban a sus oídos…denuncia… acompañar…tiene derecho… callado….en su contra…Su cerebro se negaba a  cooperar, ¡no era posible! Le estallaba la cabeza que se tomó con ambas manos, no, no era cierto, su chiquita, su propia hija lo había denunciado.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La pesadilla de Carlos


Este mes en el proyecto de Adictos a la escritura la propuesta es la escribir  un microrelato con la     elección de un texto entre tres
opciones 

Elegí: Un hombre en una consulta dental, con fobia al dentista. No pueden utilizarse en el texto las siguientes palabras: MIEDO, TERROR, PANICO, FOBIA,PAVOR




Ubicado en el sillón comenzó a temblar
- Cálmese buen hombre, esto no le va a doler.

No existían las palabras que pudieran convencerlo. Había intentado todo: ejercicios de relajación, control mental, medicina alternativa. Nada  consiguió relajarlo. Debía hacerse un tratamiento dental, quisiera o no.
El dentista, hombre experto, había tratado varios pacientes como Carlos. Sabía que existían casos extremos, y que nada funcionaba. Hace unos meses había elaborado un plan que venía funcionado con éxito. Decidió utilizarlo también con Carlos. Apretó un botón y Giselle apareció al son de una suave música.
Vestida con un delantal de enfermera, cofia, medias blancas caladas con ligas, ropa interior de encaje. Lentamente comenzó a desvestirse, con movimientos sensuales, invitantes, provocadores. Giselle era una artista, sus pasos eran felinos, hipnotizadores, audaces...
Cada prenda iba deslizándose suavemente  al piso, formando una montaña de erotismo en el suelo.
Listo mi amigo, ya acabé. Puede cerrar la boca.-

lunes, 26 de noviembre de 2012

Dolores de guerra




La angustia se acurruca en un rincón, empujando a su paso al miedo y la incertidumbre. Veloz viene detrás la impotencia, que aplasta al resto, dejando a mi alma anegada de lágrimas...


Pintura de Afredo Sincleir

viernes, 23 de noviembre de 2012

Guerra



Los aviones rugen furiosos
lastimando el cielo
en su intento claro
de a su gente defender. 

La tierra clama
en nubes negras.

El odio ciego
aplasta la inocencia
tras máscaras absurdas,
cobardes.

¿Y la paz?

La paz se esfuma
desangrada.

lunes, 5 de noviembre de 2012

El ascensor


La cita era a las diez. El edificio era antiguo, de techos altos, paredes cenicientas, piso de mármol que supo tiempos mejores. Me había recogido el pelo, llevaba puesto un pantalón azul y una blusa de gasa. Me miré en el espejo, estudiando mi imagen y sonreí en un intento de  darme ánimo. Saqué el papel de mi bolso, no recordaba si era el séptimo u octavo piso. Me sentía inquieta, no me gustaba el lugar. Ya estaba ahí y la verdad es que necesitaba el empleo. No podía darme el lujo de ignorarlo solo porque el edificio no me resultara agradable ni acogedor. Rechacé el impulso de salir corriendo. Esperé unos instantes hasta que llegó el ascensor. Subí con cierta aprensión, no tenia espejos, parecía una enorme caja pintada de verde. Una sensación de asfixia se apoderó de mí. Apreté el botón, y comenzó a descender. Me fijé nuevamente por si me había equivocado, el número ocho estaba iluminado. La asfixia se acentuó. Traté de tranquilizarme e imaginé que lo habían llamado desde el subsuelo. Pasaban los segundos y no se detenía. Hasta me parecía que cobraba velocidad. Bajaba, bajaba y seguía bajando. Comencé a marearme. Esto no era posible. El número ocho comenzó a parpadear, como si me guiñara el ojo, hasta apagarse por completo. La oscuridad se hizo presente, una garra invisible apretaba mi garganta. Un sudor frio me recorría de pies a cabeza. Apretada a mi bolso cual escudo de guerra esperaba ansiosamente que el ascensor finalmente se detuviera.
Traté de tranquilizarme concentrándome en respirar pausado, exhalando lentamente. En algún momento debería detenerse y habría una explicación lógica a todo esto. Mientras pensaba esto el ascensor seguía bajando, totalmente indiferente a mis cavilaciones.
No sé cuánto tiempo pasó, a mi me pareció una eternidad. Finalmente se detuvo. Expectante esperé a que las puertas se abrieran. No tenía idea de con que me podría encontrar. Al principio no distinguí nada, mis ojos tardaron unos segundos en readaptarse. Me costaba moverme, estaba entumecida. Mis músculos tensos no querían colaborar. No sabía qué hacer, si quedarme quieta, si gritar pidiendo auxilio o salir sigilosamente a otra oscuridad que parecía tragarme. Opté por la última opción. Mis pasos eran sumamente lentos, precavidos, en un intento de tantear lo que mis pies pisaban. Esforcé al máximo mis sentidos, la vista no ayudaba en la oscuridad reinante, el olfato no distinguía aromas definidos, el oído parecía sordo, el gusto del café de la mañana hacia tiempo había desaparecido, y el tacto solo sentía el frio de mi bolso que aun mantenía pegado a mí. Parecía estar sumergida en una caverna, lejos de todo y de todos. Mi mente insistía con su racionalidad de que esto debía tener una explicación. Por más que me esforzara yo no encontraba ninguna. Avancé un poco más. Comencé a ver algunas sombras, y una luz muy tenue. De pronto algo se movió muy suavemente erizándome el cabello de la nuca. Traté de enfocar mi vista y asombrada descubrí un gato negro con un ojo y dos patas manchadas de blanco. El parecía a la vez que temeroso contento de tener compañía. Me agaché para poder acariciarlo, su cuerpo se curvó, mientras extendía la cola hacia arriba. Parecía dispuesto a atacarme, aunque dudó y finalmente pudo más la necesidad de una caricia. Estaba muy flaco, de comida y de afecto. Se pegó a mis piernas, instándome a avanzar. Al menos eso es lo que creí. La oscuridad había dejado de ser tan absoluta, pero aun no era suficiente para descubrir donde estaba.
- Hola, ¿hay alguien aquí?
Si lo había no se dignó a contestarme...Seguí avanzando, o retrocediendo o girando... Mi sentido de la orientación nunca fue una de mis virtudes.
Tropecé con algo y faltó poco para perder el equilibrio. Intente ver de que se trataba pero no distinguí nada. Tomé otra dirección para evitarlo. El gato seguía fielmente mis pasos. De pronto imaginé estar en un laberinto, se asemejaba mucho a uno. ¿Cómo salgo de aquí? ¿Podría regresar al ascensor? Y aunque pudiera ¿de qué serviría?
La desesperación empezó a aguijonear mis entrañas, grité con todas mis fuerzas. La única reacción que obtuve fue la del gato, que se pegó aún más a mí. Extrañamente me sentí reconfortada, no estaba sola.
De la nada apareció ante mí una puerta de madera, en forma de arco. Parecía muy antigua. La toque suavemente y se abrió, invitándome. El miedo nuevamente dio señales de vida, encendiendo luces rojas en mi cerebro. Pese a todo entré a esa nada que se abría frente a mí. Parpadeé incrédula.
Ante mi una mujer con el pelo gris,  lacio, cuyas puntas casi rozaban el suelo. Vestía una túnica amarilla. Su piel era el reflejo de los años vividos.
- Adelante, me dijo con una voz que sonaba melodiosa.
No me inspiraba temor, al contrario, solo incredulidad.
Me acerqué con el gato, con quien ya éramos uno.
- ¿Porque tienes tanto miedo?
Me reí ante tan tonta pregunta.
- ¿No es obvio? Me presenté a una entrevista de trabajo, subí a un ascensor que comenzó a bajar y bajar, parecía que nunca se detendría y…
- No me refería a eso, me interrumpió. ¿Porque tienes miedo de vivir?
La miré sin comprender.
¿Quien sos? Le dije en un tono más agresivo del que me hubiera gustado.
Eso no importa, contesta mi pregunta, dijo con autoridad, sin perder la dulzura.
Me quede callada unos instantes, pensando.
- No quiero sufrir – dije, segura que mi respuesta la dejaría satisfecha.
Me equivoqué.
- Ese no es motivo para dejar de vivir, de encontrar un sentido a tu vida. Aun cuando sufras debes seguir. Tus miedos déjalos acá, en este lugar, y vuelve allá, a tu mundo dispuesta a enfrentarlo.

Comprendí en un instante que todo esto no había sido más que un mal sueño.
- Estoy de acuerdo, solo te pido que me dejes llevar conmigo al gato.

El ruido del despertador me sobresaltó. Abrí los ojos mientras me desperezaba. Ahogué un grito al ver un gato negro con un ojo y dos patas manchadas de  blanco que me miraba.

   

miércoles, 31 de octubre de 2012

Un paseo nocturno

Proyecto Adictos a la escritura: Este mes se trata de la festivivdad de Halloween, el relato debe tratar sobre la noche en la que el mundo de los vivos y de los muertos se mezclan. Los antiguos celtas creían que la línea que une a este mundo con el de los muertos se estrechaba con el cambio de estaciones, permitiendo a los espíritus pasar a través de ella.

 

Siempre me hacía bromas, era su pasatiempo favorito. Tenía yo diez años y el quince. No me gustaba Halloween y esa noche salíamos con todos nuestros amigos a la calle. Yo era una niña muy miedosa e insegura y  Joaquín se aprovechaba. A mi hermano le encantaba asustarme en la mitad de la noche con fantasmas, calaveras, ratas muertas y toda suerte de elementos que pudiera conseguir. Por ello mi sueño se había vuelto intranquilo e inquieto. Mis padres me tenían prohibido cerrar mi habitación con llave, nunca entendí por qué y nadie se molestó nunca en explicarlo. Mis gritos atravesaban la noche, como puñales lanzados al vacío cuando en la madrugada mi hermano ingresaba sigilosamente a mi cuarto. A todos les causaban gracia mis temores, menos a mi claro está. En algunas ocasiones hasta había empezado a tartamudear, haciendo las delicias de Joaquín que tenía otro motivo más para burlarse.
Ese 31 de octubre, especialmente oscuro, pareciera que la naturaleza hubiera confabulado en mi contra. La muerte, los muertos, los cadáveres, los espíritus me aterrorizaban, no podía entender que la gente celebrara algo así.
En mi casa prendieron las velas por mis abuelos, encendieron el hogar e inmediatamente después de cenar salimos a buscar a nuestros amigos. Eramos un grupo numeroso, siendo yo la más pequeña y por lo mismo, un blanco fácil para las bromas. No entendia la crueldad de la gente, se divertian a causa de mi terror, y Joaquin era en gran parte el artífice de eso.
En la absoluta oscuridad caminamos por el bosque que rodeaba nuestra casa. Todos hablaban y reian. No imaginé que habían planeado dejarme sola en cuanto tuvieran la oportunidad. Cuando me di cuenta era demasiado tarde. Tal vez estuvieran cerca, espiándome sin hacer ruido. No lo sabía, no podía ver nada. Caminaba a tientas, con las manos extendidas hacia adelante para no chocarme con nada. De pronto algo me rozó, una tela aspera y un olor nauseabundo trepó por mis fosas nasales. Un grito espantoso se escuchó en  la negrura. Era mi grito. Unos brazos me alzaron llevandome casi al vuelo. De pronto el olor se tornó más intenso aún, era lo único que podía percibir. No sé cuánto tiempo pasó hasta que llegamos a un lugar que parecia una cueva, telas de araña se veian en cada espacio libre. Una música muy suave se escuchaba de fondo. Una mujer muy alta, vestida de blanco, pálida y ojerosa se me acercó. No tenia idea de donde estaba, pero por primera vez en mucho tiempo no sentí miedo. Todo lo contrario, me sentía casi feliz, un sentimiento desconocido para mi. Me acarició la cabeza y me sonrió. Su sonrisa iluminó todo el lugar, a pesar de su fealdad. Seguía escuchando esa música envolvente, hasta creo que solo yo la escuchaba, dentro mío.  Otras personas fueron apareciendo, venian a saludarme. Al parecer era una celebridad. Había logrado traspasar la fina línea que separa el mundo de los muertos y los vivos, me tomó unos instantes comprender que estaba rodeada de ánimas. Todos los muertos me miraban con dulzura, me tocaban, me sonreian. ¡Y no tenía miedo!  ¡Era increíble! El lugar se veia tenebroso, las personas eran grises, emanaban un olor penetrante, ácido...El cansancio y la emoción de todo el día estaban empezando a hacer efecto. Me quedé dormida en el regazo de la mujer alta, que me acunaba como un bebé.
 Un ruido metálico me despertó, estaba en un lugar desconocido y extraño, el perfume nauseabundo habia desaparecido...  
Alguien me acariciaba el brazo, miré y vi a mi mamá que lloraba a mi lado. Más allá lo vi a mi papá hablando con un hombre. Y sentado en el piso vi a mi hermano, que sonreia, tal vez imaginando su próxima maldad.
- Mamá... En un instante estuvieron todos alrededor de mi cama, casi empujándose unos a otros.
Me miraban sin saber que decir, se los veía torpes, tal vez asustados...
No dije nada, solo sonreí enigmáticamente. Ellos nunca sabrian que estuve en el mundo de los muertos, y podía entrar a él cuando quisiera...  

domingo, 28 de octubre de 2012

Lluvia



Cristales salpicados de tristeza
gotas que marcan caminos
sinuosos, torcidos…

Mis ojos miran más allá,
posándose en charcos de soledad...
La lluvia trae tu recuerdo
en humedades que empañan
mi mirada.

Coloridos paraguas
encienden la acera
el cielo gris
con mi pena hace juego.

La lluvia trae tu recuerdo
en bocanadas de vapor...

Me haces falta
mucha falta
hoy
mañana
aun cuando salga
el sol.

martes, 16 de octubre de 2012

Despedida






Buenos Aires, 04 de Octubre de 2012



Querida familia:



Siempre le coqueteé, debo admitirlo. Seducido ante su misterio. Añorando la paz que solo ella puede darme. Tuve miedo… hasta hoy. Ahora sé lo quiero, hacia donde me dirijo. ¿Culpas? ¿Remordimientos? ¡Sí! ¡Por supuesto! Aún así sé que estoy haciendo lo correcto, lo único que me queda por hacer.

Durante años me dediqué a darles todo, y más. Viajes, joyas, ropa de las mejores marcas, autos último modelo y todo nuevo capricho que tuvieran. ¿Nunca se les ocurrió pensar como hacía con mi modesto sueldo de empleado bancario? Era más fácil así, no pensar, no preguntar. Sólo recibir y pedir más. Al principio fui prolijo, pequeñas sumas que nadie echaba de menos. Mas ustedes se volvieron más y más demandantes, con una ambición que no tenía limite. Y esa fue justamente mi cruz, el final de una carrera de treinta años de servicio.

No puedo soportar la vergüenza, el rechazo de mis compañeros, las miradas de desprecio de mis padres, incluso ustedes, que no sienten ni siquiera la más mínima culpa de haberme llevado a esto, me miran acusadoramente.

Siempre me pregunte si un suicida era muy valiente o muy cobarde. Valiente para provocar su propia muerte, cobarde por no enfrentar su realidad. Hoy se que no soy valiente ni cobarde, soy simplemente un hombre que se equivocó y no supo decir NO a tiempo.

Los amé y los amo, por eso hice todo lo que hice. Espero algún día sepan comprenderme y puedan perdonarme.

Julio.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Estás


Las letras huyen
en un sinfín de silencios
los sueños exhalan
suspiros al viento.

Ojos tristes
mintiendo sonríen.

Las agujas corren
un tiempo sin nombre
tu imagen atrevida
irrumpe,
derribando cada una,
todas
las barreras.

Imagen: Corazón vida- Patricia Cruzat

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Reencuentro

-¡Hace tanto tiempo que no te veía ! ¡Que lindo encontrarte ! ¡Estás empapada!


-Es cierto... cuanto tiempo paso? ¡Te ves igual!

-No me mientas, me veo en el espejo y se que el tiempo hizo lo suyo, en cambio vos, es como si nada te afectara.

-La verdad es que me cuidan bastante, con jabones y suavizantes especiales.

-¡No me digas ! Que envidia que me das. Lo mio es un verdadero suplicio, a veces estoy días enteros tirada sin que nadie siquiera me mire.

-No pienses en eso, ¡disfruta este dia de sol !

-No puedo ser tan optimista como vos, mirame, ya no soy lo que era. He perdido mi juventud, mi belleza, mi brillo. Y lo peor es que a nadie le importa. Se acerca mi final...

-Por favor, no seas tan dramática.

-Es fácil hablar de dramatismo, cuando a una la cuidan y miman como a vos. Mirá ahi vienen a buscarme. Ya no creo que nos volvamos a ver...



martes, 11 de septiembre de 2012

Un nuevo trabajo

- ¡No es posible!


- Lo es.


De esta manera terminó la conversación. Aún no salía de su asombro.Durante meses había sido objeto de investigación sin ni siquiera sospecharlo. Por eso la despedían. Recordaba muy bien el libro de George Orwell, 1984. Ahora en el 2012 estaba sucediendo, y no era ficción. La Oficina del Estado, donde desempeñaba sus tareas con diecisiete años de antiguedad, había implementado un sistema espía en las computadoras de todos los trabajadores. Ahora comprendía el despido de algunos compañeros. Había llegado su turno. El empleado de anteojos, pulcramente vestido, peinado con esmero, sin que un sólo cabello se moviera de sus sitio, había sacado una hoja. Cuando comenzó a leerla lo miró atónita, parecia una broma , pero no lo era. Ahora lo sabía. ¿Que le diria a su familia? Era evidente que debería obviar unos cuantos detalles. Pensó en su mamá, en su suegra, en sus hijos...

Repasó la lista mentalmente:

En promedio trabajas tres horas y cuarenta y tres minutos diarios, en una jornada de ocho horas. Las cuatro horas cincuenta y siete minutos restantes se dividen en tres horas promedio en las redes sociales, y el resto del tiempo se divide en mails privados, visitas de sitios XXX, consultas médicas online sobre orgasmos múltiples, compra de accesorios y juguetes sexuales. A esta altura, Carola recordaba estar al borde del colapso. Trató de mantenerse calma, pero sabia que era poco o nada lo que podía hacer. El empleado tenía una sonrisa apenas disimulada cuando le entregó el informe. Era evidente que disfrutaba mucho del cargo.

Carola llegó a su casa. No encendió la computadora esta vez. Necesitaba pensar. Tenía poco tiempo antes que llegara Osvaldo. Los chicos estaban en fútbol, vendrian tarde. Dos horas después había tomado una decisión.

Osvaldo y los chicos llegaron a las ocho. Sobre la mesa había tres vasos y una pizza. Les sorprendió aunque no dijeron nada, se sentaron a comer , entre bromas y risas.


A la mañana siguiente salió a la misma hora de siempre. Se sentó en un café, esperando la hora más conveniente.

Con astucia y una puntillosa planificación logró trabajar en el sex shop sin que nadie advirtiera el cambio de ocupación. Salia de casa con el habitual trajecito, y se cambiaba el atuendo en el bar de la esquina.. Lo mismo de regreso a casa. Con los horarios no tenía problema, si bien entraba una hora más tarde esta le servia para arreglarse. Por suerte nunca nadie la visitaba en la oficina del Estado, ya que no estaba bien visto. Todo estaba perfecto, ella que había tenido tanto miedo, había logrado salir relativamente indemne. ¡Menos mal !



- Amor, ¿no tienen que estar por llegar las invitaciones para la fiesta anual de la oficina? ¡Sabes como disfruto esas reuniones !

- ...



jueves, 6 de septiembre de 2012

Confesión ( Reedición)

Marcela se presentó en la comisaría y como una ráfaga de viento se dirigió directamente al Comisario Benítez. Este levantó la vista de lo que estaba escribiendo y le indicó con apenas un gesto que se sentara. El oficial Zampayo, se sorprendió que no la reprendiera por entrar así, o le dijera simplemente que se retirara. Se sintió intrigado, y se acercó a la oficina para escuchar mejor. La mujer comenzó su relato monótono y apagado, como si leyera el diario, sin inflexiones ni color en la voz. Zampayo, sin embargo, se quedó atrapado en las redes de su declaración.


- Me tenía cansada, asi que planee matarla en cuanto se me presentara la oportunidad, y se me presentó hoy. No estoy arrepentida, creame, era un estorbo, creo que hay varios en el edificio que me lo van a agradecer. Hasta el marido.

Benitez la miraba impasible, ni siquiera le tomaba declaración por escrito, se limitaba a escucharla y a asentir de vez en cuando.

Zampayo estaba desconcertado. Pálido e incredúlo intentaba contarle a alguien lo que acababa de escuchar, buscando con la mirada a algún compañero, pero todos estaban atareados.

- Hoy cuando salí para ir al super la vi. Estaba ahi, con su sonrisa cínica, torcida, de labios mal pintados y simplemente no pude evitarlo. Usted sabe, el edificio es muy antiguo, asi que me limite a abrir la puerta del ascensor y la empuje. Aun escucho su grito: aaahhhhhhhhhh mientras caia. Despues de eso, baje los diez pisos por escalera y vine para acá.

Si Zampayo estaba en estado de shock con lo que acababa de escuchar, cuando Benitez le dijo que podía irse a su casa casi se desmaya. Juntando todo el valor del que fue capaz entró al despacho de su jefe y sin poder evitar tartamudear le preguntó como era posible dejar libre a una asesina, despues de su propia confesión ademas. Sabía que estaba exponiendose a un despido inmediato, las decisiones de los superiores no se cuestionan jamás, pero simplemente no podia dejarlo pasar. Se habia cometido un crimen, no podia quedar impune.

Benitez se levantó despacio, rodeó el escritorio, y poniendo una mano en el hombro de su subordinado le sonrió. Zampayo se sintió aún más perturbado, sintiendo un rojo color que le subía por la tráquea. Su jefe le explicó que Marcela era muy conocida en la comisaría, venía todas las semanas con una historia nueva. Sufría de un transtorno de la personalidad o algo asi, y  estaban todos acostumbrados a sus apariciones. Simplemente no habia que hacerle caso, nada era real.

Zampayo sintiendose bastante tonto volvió a su puesto, prometiendose estudiar el tema para no volver a pasar papelones.
El telefóno lo volvió a la realidad.

- Quiero denunciar un crimen, a mi esposa la tiraron por el hueco del ascensor, vengan rápido...

domingo, 2 de septiembre de 2012

Pesadillas de una ausencia

Santiago se despertó sobresaltado. Miró la hora y maldijo en voz alta. En el último tiempo cuando se iba a dormir, daba mil vueltas en la cama, mientras el sueño le hacía morisquetas, escapándose, provocándolo... Recién con las primeras luces del alba se quedaba dormido, vencido. Así todas las noches…. En los últimos meses había llegado demasiadas veces tarde. Odiaba las miradas comprensivas de sus compañeros. Mientras se lavaba la cara miró los círculos violáceos debajo de sus ojos que le devolvieron la mirada sin brillo, opaca…Estaba demacrado, había adelgazado varios kilos. Apenas tomó unos sorbos de café, y salió.


En la oficina le costaba concentrarse, necesitó toda la fuerza de voluntad de la que fue capaz para hacer su trabajo. Se sentía agotado, las noches sin dormir se cobraban su precio. Varias veces se sorprendió soñando despierto. Ester aparecía de repente, con su sonrisa a cuestas, envolviéndolo con su perfume de vainilla, haciéndolo reír con sus ocurrencias... Ester se fue de repente, dejándolo vacío, rumiando su dolor, impotente y devastado.

Llegó a su hogar arrastrando los pies, literalmente. Por el pasillo, antes de poner la llave en la cerradura, un delicioso aroma le despertó los sentidos. Se puso tenso sin darse cuenta, era el mismo aroma del pollo a la mostaza que cocinaba Ester… Abrió la puerta, que estaba sin llave, estaba seguro de haberla cerrado esta mañana. Casi se desmaya al ver la mesa preparada y en la cocina una cacerola con el pollo que solía preparar Ester. Fue a su cuarto corriendo, encontró toda la ropa limpia doblada sobre la cama en vez de la montaña de ropa sucia que él había dejado...

Intentó serenarse, el corazón le latía desbocado. ¿Sería posible que Ester hubiera regresado? Si fuera así, ¿dónde estaba? Recorrió la casa sabiendo de antemano que no la encontraría allí, aun así necesitaba asegurarse. Se sentó en la mesa y se sirvió la comida. El pollo tenia exactamente el mismo sabor que el recordaba. Una extraña calidez le recorrió todo el cuerpo, extrañamente relajado. Una sensación de paz que hacía tiempo le era esquiva. Desde esa tarde, todos los días al volver del trabajo encontraba la comida lista, y la ropa ordenada. Por las noches dormía plácidamente, sin pesadillas ni sobresaltos. Nunca pudo comprender lo que pasaba. A veces estaba convencido que se había vuelto loco, la verdad es que no le importaba…

Imagen : El hombre durmiendo- Maria Gallardo

lunes, 27 de agosto de 2012

Progreso

El orgullo de la gran ciudad se había cumplido. Ya tenía diez millones de automóviles. Las personas poco a poco habían ido desapareciendo. Las calles grises, contaminadas, habían destruído la vida humana. Los autos eran los dueños de la calle, ellos vivían felices. Avanzando y retrocediendo, estacionando y arrancando en una gran ciudad orgullosa. Aunque vacía, sin alma...

Inspirado en el microcuento : Diez millones de automóviles de Ramón Gómez de la Serna.

jueves, 23 de agosto de 2012

El espejo del alma

Como todos los días sentada frente al espejo comienza el ritual de maquillarse. Primero humecta su cara, luego se aplica base, y distraídamente se encuentra con sus ojos. Dos circulos oscuros, muy oscuros, que se abren como un túnel, largo e invitante. Se adentra en él , a tientas, impulsada por una fuerza inexplicable que la llama, la atrae. Al principio sus pasos son lentos, inseguros, mas a medida que avanza el túnel se aclara, y las imágenes llegan nitídas, brillantes..


Ve a una niña, de unos cinco años, peinada con raya al medio, con dos bucles atados a los costados. Su ropa está tejida a mano, por su mamá. Una sonrisa ilumina su rostro, inocente y puro. La imagen es en blanco y negro. Cuando le preguntaron que quería ser cuando fuera grande contestó segura: Mamá. Nunca comprendió por qué su respuesta les causó tanta gracia. Avanza un poco más y ahora ve a esa misma niña con un vestido de color rojo a lunares amarillos, verdes y azules. Hoy cumple ocho. Su abuela le hizo la torta de chocolate decorada con almendras que tanto le gusta. Se la ve feliz. La imagen se disipa, no quiere perderla, en su lugar aparece la niña llorando porque se peleó con su hermano, le duele mucho, la paliza y su orgullo. Ve a su padre que le explica lo que le enseñaron a él, uno de los dos siempre tiene que ceder, ser más bueno que el otro. Ella asiente, aceptando ser ella la más buena, la que siempre cede, la que no pelea. La mujer de hoy grita que no , que ya basta de ceder siempre, que no es justo.

En las fiestas escolares ve a su mamá, siempre hermosa, distante. Su corazón desborda de amor y orgullo por ese ser que le dio la vida.

A los quince sale a caminar con su papá en una noche tibia de verano, mientras charlan, escucha consejos y lecciones de vida. Las palabras son hamacadas por una suave brisa y por el amor de su padre.

Una joven de veintitres años recibe un diploma, comprendiendo tarde que era otro el diploma que queria tener en su mano. Mas no supo cómo, era incapaz de decepcionar a sus padres.

Ahora ve a una novia vestida de blanco, con cinco metros de cola. Desborda felicidad...

A los veinticinco se convierte por primera vez en madre, concretando el sueño de su niñez. Luego a los veintinueve, su corazón se estruja al ver a su segunda hija, tan chiquitita, prematura...

A los treinta, en el dia de su cumpleaños su mamá que la abraza y le dice que está muy linda. Conserva el frasco de perfume, ya vacio que recibio ese dia.

La mujer de hoy se abre paso entre todos los personajes, más madura. Con cicatrices en el cuerpo y tambien en el alma.

El túnel se oscurece lentamente, trayéndola de regreso. Pocas veces quiere a la imagen que le devuelve el espejo, casi nunca...



lunes, 13 de agosto de 2012

Una cena



-Te pasa algo con ella?


Roberto no contestó. Fingió no haberla oído. Odiaba los reclamos que su mujer se empeñaba en plantear. Estela no se dio por vencida y volvió a preguntar.

- No se de que hablás mujer, las novelas esas que mirás te están empezando a afectar el cerebro.

Estela se quedo callada un momento, mordiendose el labio inferior. No quería discutir, aunque no pudo contenerse y agregó en un tono glacial:

-Roberto me doy cuenta como la mirás, como se ilumina tu cara cuando arreglamos para encontrarnos con ellos...

Estela vivia torturada por los celos, veia en cada mujer una rival. Roberto minimizaba siempre sus comentarios, aunque lo fastidiaban.

Mientras se preparaban para salir Estela miraba a su esposo disimuladamente. Se habia duchado, afeitado, había elegido la ropa cuidadosamente, se perfumó... Eran cosas que hacía siempre, mas ella veia en cada gesto, cada actitud, una confirmación de sus febriles sospechas.

Durante la cena, mientras charlaban animadamente, Estela estaba pendiente de sus miradas, de sus gestos.  Los demás estaban ajenos a la madeja de sospechas que se enredaba en su mente cada vez más. Cualquiera que los mirara vería a dos parejas disfrutando de una charla amena, sólo una persona muy perceptiva podría notar la oscuridad en la mirada de Estela.

Estela estaba esperando algún descuido, las palmas de sus manos húmedas la delataban.  Sumida en un infierno propio, que alimentaba con  brasas encendidas de celos y envidia sin par.

Cuando Celeste cayó inconsciente, los dos hombres, con el rotro contraído de angustia y temor, se levantaron a un tiempo, a socorrerla. Estela, en cambio, se quedó en la silla, incapaz de moverse. Sentía que al fin habia confirmado sus sospechas.