martes, 22 de noviembre de 2016

La escritora







- No puedo entregarte el libro en fecha.


- Es la tercera vez que lo haces Marian, no puedo seguir aceptando más postergaciones. Y esta vez ¿cuál es tu excusa?


- Me enamoré, dije muy segura.


- Eso es muy bueno, contestó Ernesto, con una sonrisa sincera, lo que no entiendo es por qué te impide eso entregar el libro. Supongo que si le explicas la falta de tiempo para encontrarse lo va a entender, o ¿no es asi?


- Precisamente a él lo veo a diario y no se ve afectado por el libro, todo lo contrario, te diría.


- No entiendo entonces, ¿podés ser más clara?


- Mmmm, me enamoré de Sergio, el protagonista de mi libro, dije con un tono más agudo del que me hubiera gustado.


- Jajajajajajaa, estalló Ernesto en una carcajada sonora, demasiado sonora para mi gusto. Cuando se calmó dijo: - Marian amo tu sentido del humor. Ahora decime en serio,¿Cuándo me entregás el libro? preguntó sin dejar de sonreír.


Lo mire y esa sola mirada bastó para que se pusiera serio de repente y me dijera: - Estás hablando en serio.


Asentí, demasiado afligida para emitir palabra.


Nos quedamos asi en silencio unos minutos que se me antojaron horas. Se sacó los lentes, cerró los ojos, puso el pulgar y el indice en el puente de la nariz, y finalmente dijo:


- Marian sabes cuánto te aprecio, pero si no recibo el libro para fin de mes voy a tener que buscar a otro escritor, además del juicio que en la editorial van a hacerte por incumplimiento de contrato y no voy a poder hacer nada para evitarlo.


- Fin de mes es en una semana. Ahora fue el quien asintió sin hablar.


Me levanté con varios kilos más sobre mi espalda, no sé que esperaba realmente. Si yo estuviera en el lugar de Ernesto actuaría igual que él o peor ante un escritor que pretende estar enamorado del protagonista de su libro, pensaría que esta loco, obsesionado o… No se qué…


Cerré la puerta de la oficina de Ernesto sabiendo que no estoy loca, llegué a casa casi arrastrando los pies, retrasando el momento de sentarme frente a la pantalla de mi computadora lo más posible, sabiendo que era inevitable.




Me preparé un café y abrí el archivo de mi libro. Me quedé alli sentada mirando la pantalla, frente a las letras que se ahogaban entre lágrimas que no podia detener. De repente la imagen cambió y Sergio apareció sonriente, tal cual lo habia imaginado. Sabia que era él, mi descripción habia sido exacta. Me quedé pasmada, mi imaginación era más poderosa de lo que sospechaba. Cuando me habló mi mandibula cayó cual dibujo animado. No estaba imaginando nada, su voz era clara y fuerte y ¡me hablaba a mi!


- Marian a mi me pasa lo mismo que a vos, vayámonos de aqui, lejos, dijo y extendió su mano fuera de la computadora.


No podia reaccionar, todo parecia tan real. Extendí mi mano sabiendo que tocaria el aire, sin embargo una mano suave y segura a la vez, envolvió la mia. Luego Sergio me rodeó con sus brazos y todo su calor me envolvió.


- Gracias por confiar dijo. Lo miré y sonrei. En ese instante supe que mis lectores se perdieron un gran libro.


domingo, 9 de octubre de 2016

Olaya al 1600

Comencé a recordarte hace unos días, cuando la nostalgia inundó mi sangre, recorriendo mi cuerpo, atravesando recovecos que ni siquiera sabía que existían.

No imaginé que podías generar semejantes sentimientos. Recuerdos que pronto se hicieron añoranza y más pronto aún, desnudaron ausencias.

Tus paredes guardan un mundo. Un mundo que quedó tan lejos… Sin embargo hoy rescaté retazos, armando un rompecabezas de imágenes que poblaron mi mente y mi corazón. Luego sucedió lo inevitable, las lágrimas no tardaron en aparecer, rociando con nostalgia los pedazos, las sonrisas, las ausencias, la necesidad de verte, sentirte, tocarte, aunque sólo sea una vez más.

El tiempo pasa y se escurre entre mis dedos sin que pueda detenerlo, dejando un reguero de dolor, de vacíos que ya nadie llenará, y recuerdos felices que anidan todos en mi alma, mezclados en un mapa de sentimientos que conforman mi vida.

Los cimientos son fuertes, albergaron sueños, peleas, reconciliaciones. Sostuvieron días de lucha, del diario vivir. Hoy cobijan a otros, ajenos, distantes, extraños…

En un lugar en el mundo hay una casa, en la cual viví, soñé, crecí, cuyos ladrillos guardan pedacitos de alma que nadie ve. Partículas invisibles de momentos que no volverán, que quedaron allí, atrapados para siempre.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Al acecho


Ella está bailando con sus amigas. Se ríen con esa complicidad de saberse observadas, admiradas, deseadas… Son todas lindas, aunque yo ya elegí. La mía tiene el pelo negro, muy largo, que se mueve acompañando cada movimiento de su cuerpo. Viste un pantalón corto blanco y una blusa que deja al descubierto su ombligo. Ese ombligo que pienso lamer, morder, chupar… Ella es mía, sé que no va a querer, por eso tengo todo preparado.  Quiera o no quiera.  ¿Qué importa? Hace dos horas que la observo, estoy a punto de explotar. No me ha mirado ni una sola vez. Soy invisible. ¡Qué ironía que a partir de hoy no podrá olvidarse de mi cara! Quedaré grabado para siempre en su memoria. Ya nadie podrá tocarla sin que ella me recuerde. ¡Soy tan feliz! Ya es hora. Camino lentamente hacia ella, saboreando el momento, le acerco gentilmente una botella  a la que previamente le agregué unas gotitas "especiales" y le sonrío con mi mejor sonrisa.
-Para vos preciosa, hace tanto calor que pensé que te vendría bien tomar un poco de agua, le digo empalagándome en mi propia dulzura.
Ella me mira, primero sorprendida, luego me sonríe a su vez, mientras el suelo se derrite a mis pies. Abre la botella sin dejar de sonreírme, mientras miro extasiado como va a beberla, sin previo aviso, me tira el líquido en la cara.  La miro con odio, y mientras me seco escucho las risas de sus amigas y  comienzo a correr, rápido, muy rápido, jurando que la próxima vez no se me va a escapar.

jueves, 25 de febrero de 2016

La llave

Caminaba distraída cuando la encontré. Tenía como un imán que me impulsó a tomarla. La guardé en el bolsillo y seguí caminado. Pensé en ella durante todo el trayecto, sentía su calor a traves de la tela del pantalón. Cuando llegué a casa la saqué e intenté abrir la puerta. Nada. Ni se movía. Lo seguí intentando con muchas otras puertas. En cada oportunidad que tenía sacaba la llave y probaba. Cerraduras grandes, pequeñas, antiguas, modernas, angostas, anchas, doradas, plateadas… Mi llave no conseguía abrir ninguna puerta. Estuve así días, semanas, meses… La frustración que sentía era inmensa. Sabía que esa llave tenía un significado, por algo la había encontrado, estaba segura. Hasta que un día finalmente lo comprendí. Mi llave no abria ninguna puerta, cerraba. Cerré la puerta. Ahora eres pasado. Ya no podrás volver ni lastimarme. Salí a la calle y tiré mi llave, estaba segura que alguién más la encontraría.

lunes, 1 de febrero de 2016

Dialogando...



-Es injusto-

-¿Me hablas a mi?-

-¡No, a la heladera!

-¿En serio? ¡Sos mi alma gemela! Nunca antes había conocido a alguien que hable con la heladera como yo.

-No hablaba en serio.

-No seas tonto, no tenés porque avergonzarte. Todos tenemos nuestras locuras, jajaja, si no no estaríamos acá.

-No estoy loco. Me internaron por otro motivo.

-Ah ¿sí? ¿Y por qué motivo si se puede saber?

-No lo entenderías

-Probáme

-Estoy estresado, vengo pasando una etapa difícil, un poco alterado y ya creen que estoy loco…

-¿Viste hela? Cree que no está loco… Sólo alterado

-¿Quién es hela? Acá estamos sólo vos y yo, y mi nombre es Horacio.

-Horacio, estamos charlando, no interrumpas.

-Conmigo estás charlando, ¡ya te dije que no hay nadie más acá!

-Alguien está celoso…

-¡Dios, solo a mí se me ocurre intentar razonar con un desquiciado!

-A desquiciado no lo conozco, ¿me lo podrías presentar?

-¡Vos sos un desquiciado y me vas a desquiciar a mi si sigo hablando con vos!

-Ah, ya entiendo, ¿preferís hablar con la heladera en vez de conmigo?

-¡Sí!

-¡Lo sabia! ¡Te dije que eras mi alma gemela!


martes, 26 de enero de 2016

Dolor







Tengo el alma en cenizas
que perdidas
se esparcen
en el aire.

Duele cada cuchillo
que se clava,
 sediento,
arrancando vida, 
destrozando sueños
aniquilando esperanzas…

Odio,
 que  respira y mata
dolor que no cede,
revive con cada gota
que cae inerte,
injusta, 
gritando 
sin que nadie la escuche:

¡BASTA, BASTA, BASTA!

domingo, 8 de febrero de 2015

Viaje en colectivo

Estaba cansado. Había sido un día agotador. Subí y me senté casi al fondo. Cerré los ojos. Empecé a relajarme imaginando lo que haría al llegar a casa. Pronto mis pensamientos se vieron invadidos por la voz de mi compañero de asiento que parecía no darse cuenta donde estaba y discutía a viva voz con alguién por celular. Inmediatamente desde atrás me llegó la voz de una mujer que también hablaba muy alto. Presté atención a mis circunstanciales colegas de viaje, salvo el conductor una viejita y yo, todos mantenían animadas conversaciones con interlocutores invisibles. Las voces , en el relativamente reducido espacio, chocaban en mis oídos como un borracho perdido.

- El contrato como mínimo a tres años y no creas que esa suma es satisfactoria...
- Eso no es lo que hablamos, me siento defraudada Enrique...
- ¿Vamos a bailar el sábado?..
- Tenés que terminar la tarea y después podes ir a jugar a la casa de...
- Encontré un vestido de oferta que no sabes lo que es... Te vas a morir...
Me sentía mareado, aturdido. Retazos de conversaciones me envolvían, jadeaban a mi alrededor, alterando mis sentidos.
Miré al conductor desconsolado. Me guiñó un ojo, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. No entendí que lo divertía tanto hasta que de repente cada retazo de conversación se materializó, literalmente hablando, en letras que danzaban en todas direcciones. Un baile desenfrenado de palabras que subían, iban y venían saliendo y entrando por bocas que quedaron congeladas expresándose sin quererlo ya.
La mujer que le hablaba a su pareja le decía de pronto que el contrato lo rompería en mil pedazos y el hombre que hablaba con su socio le dijo que le mandaria la foto con el vestido nuevo apenas llegara a casa. La chica que arreglaba para ir a bailar dijo que los deberes eran la prioridad y después la diversión... Nadie entendía lo que estaba pasando, salvo el chofer y la viejita que parecían disfrutar como locos. Finalmente me relajé y empecé a reír con ellos...