miércoles, 18 de enero de 2012

Sueños manchados

Durante el día trabajaba como todos. Decían que era su contribución a la sociedad. No le importaba demasiado.  El no se metía con nadie, y nadie se metía con él. Así estaba bien. No los necesitaba. Día tras día, hora tras hora, hacía lo que de él esperaban. Terminaba su jornada laboral y era "libre". Libre de volver a su espacio. A su mundo. Al suyo propio. Ese que se había creado y donde era totalmente feliz. Era el protagonista. Acostado en la cama frente a esa gran mancha de humedad azul verdosa, que ocupaba gran parte de la pared y se extendía hacia el techo, había desarrollado una gran habilidad. Y la disfrutaba mucho. Encontraba formas, personajes, animales, hilvanando historias donde era de pronto un dragón con largas lengüetas de fuego, otras un caballero medieval dueño de una imponente armadura, un oso  feroz , un valiente capitán al mando de una embarcación imponente, un tímido comerciante, un dulce y tierno niño, un temible corcel... Las historias y personajes no tenían fin. La mancha cambiaba rápidamente, extendiendo el mundo de posibilidades al infinito.
Era feliz. Así, en su mundo privado, íntimo. No precisaba nada más. Soñaba despierto hasta quedarse completa y profundamente dormido. Pasó el tiempo, los meses, los años hasta que le avisaron que su deuda con la sociedad había sido cumplida. Ahora era un hombre libre. ¿Libre? Se sentía inseguro, no sabía muy bien que hacer.
Llegó a su casa, se metió en su habitación. El olor a encierro lo mareó. Se paseó por la habitación nervioso, recordando, revisando, acostumbrándose a su entorno, nuevo y viejo a la vez. Al atardecer se acostó, aún seguía con los horarios estipulados, debía entender que ahora podía irse a dormir a la hora que quisiera. Necesitaba tiempo, acostumbrarse. Se acomodó en la cama. Frente a el una pared grisácea, insulsa, indiferente, ausente, que no lo invitaba a soñar. Su imaginación no podía evocar nada. Paso una hora, y otra  y otra más. El tic tac del reloj lo consumía, lo devoraba como un león hambriento. Imposible relajarse. Imposible dormirse. Esa y todas las noches que siguieron. Se sentía vacío, nervioso, no podía seguir así. Lo consumía una ansiedad desconocida, voraz, casi cruel. No durmió uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis días. La séptima noche no aguantó más. Salió a la calle dispuesto a encontrar el modo de regresar a su celda.

17 comentarios :

  1. Una entrada soberbia GayMyr.No se adaptó a "la sociedad"...
    Muy bueno.

    ResponderEliminar
  2. Disculpa te cambié el nombre.
    Besazos GaMyr.

    ResponderEliminar
  3. Gracias Morgana, besos enormes !

    ResponderEliminar
  4. Hay cárceles internas, de esas nunca podemos escapar.
    Me gustó tu entrada, desde el título hasta la última palabra.
    Un beso.
    HD

    ResponderEliminar
  5. No es el primero ni será el último.
    Hace poco dos presos delinquieron y se entregaron para volver a la cárcel.
    En menos de una semana dos casos.
    Algo no va bien.

    Besos.

    ResponderEliminar
  6. triste y lamentable pero no por eso menos certero, pasa con los presos y pasa con los enfermos mentales que con lños años se recuperan para volver a insertarse en la sociedad...dificilmente lo logran, perdieron todo lo que los relacionaba

    besos

    ResponderEliminar
  7. Las cárceles internas son peores que las otras. Me halagan mucho tus palabras Humberto, gracias ♥
    Un beso

    ResponderEliminar
  8. Triste Toro que esa sea nuestra realidad.
    Besos

    ResponderEliminar
  9. Lamentable que el principal objetivo de reinserción en la sociedad no surta efecto.
    Besos Laura

    ResponderEliminar
  10. Inadaptado a una sociedad muy distinta a esa otra que se vive entre rejas...
    Genial historia.
    Besos.

    ResponderEliminar
  11. Si, ajeno al mundo real.
    Gracias Marinel.
    Besos

    ResponderEliminar
  12. Como dice Toro, algo no va bien. Cuando se sueña con la celda y se desdeña la libertad... Es que tenemos los esquemas cambiados.
    ......
    Utiliza Mozilla para visitar los blogs. Así pude entrar yo ayer en varios en los que no me dejaban.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  13. Genial!! Es una especie de sindrome de estocolmo, el secuestrado se identifica con su captor. Tantos años en prisión le hicieron perder contacto con la realidad.
    Pronto regreso, me encanta leerte!

    ResponderEliminar
  14. Tal cual amig@ni@, falla la sociedad toda.
    Besos

    ResponderEliminar
  15. No podía adapatarse a su nueva realidad...
    Gracias Marilyn, me encanta saberlo !
    Besos♥

    ResponderEliminar
  16. Excelente texto.
    Pienso que a veces quedan presos en su propio ser, es una adaptación-inadaptada a una determinada situación, viven sin saber qué quieren o cómo cambiar. Lo difícil es que a veces le cambian la vida a otras personas.
    Un beso

    ResponderEliminar
  17. Tal cual Vivians, se tornan peligrosos, a veces hasta con ellos mismos, justamente por su inestabilidad emocional.
    Besos

    ResponderEliminar

Gracias por dejarme tu comentario :)