lunes, 5 de noviembre de 2012

El ascensor


La cita era a las diez. El edificio era antiguo, de techos altos, paredes cenicientas, piso de mármol que supo tiempos mejores. Me había recogido el pelo, llevaba puesto un pantalón azul y una blusa de gasa. Me miré en el espejo, estudiando mi imagen y sonreí en un intento de  darme ánimo. Saqué el papel de mi bolso, no recordaba si era el séptimo u octavo piso. Me sentía inquieta, no me gustaba el lugar. Ya estaba ahí y la verdad es que necesitaba el empleo. No podía darme el lujo de ignorarlo solo porque el edificio no me resultara agradable ni acogedor. Rechacé el impulso de salir corriendo. Esperé unos instantes hasta que llegó el ascensor. Subí con cierta aprensión, no tenia espejos, parecía una enorme caja pintada de verde. Una sensación de asfixia se apoderó de mí. Apreté el botón, y comenzó a descender. Me fijé nuevamente por si me había equivocado, el número ocho estaba iluminado. La asfixia se acentuó. Traté de tranquilizarme e imaginé que lo habían llamado desde el subsuelo. Pasaban los segundos y no se detenía. Hasta me parecía que cobraba velocidad. Bajaba, bajaba y seguía bajando. Comencé a marearme. Esto no era posible. El número ocho comenzó a parpadear, como si me guiñara el ojo, hasta apagarse por completo. La oscuridad se hizo presente, una garra invisible apretaba mi garganta. Un sudor frio me recorría de pies a cabeza. Apretada a mi bolso cual escudo de guerra esperaba ansiosamente que el ascensor finalmente se detuviera.
Traté de tranquilizarme concentrándome en respirar pausado, exhalando lentamente. En algún momento debería detenerse y habría una explicación lógica a todo esto. Mientras pensaba esto el ascensor seguía bajando, totalmente indiferente a mis cavilaciones.
No sé cuánto tiempo pasó, a mi me pareció una eternidad. Finalmente se detuvo. Expectante esperé a que las puertas se abrieran. No tenía idea de con que me podría encontrar. Al principio no distinguí nada, mis ojos tardaron unos segundos en readaptarse. Me costaba moverme, estaba entumecida. Mis músculos tensos no querían colaborar. No sabía qué hacer, si quedarme quieta, si gritar pidiendo auxilio o salir sigilosamente a otra oscuridad que parecía tragarme. Opté por la última opción. Mis pasos eran sumamente lentos, precavidos, en un intento de tantear lo que mis pies pisaban. Esforcé al máximo mis sentidos, la vista no ayudaba en la oscuridad reinante, el olfato no distinguía aromas definidos, el oído parecía sordo, el gusto del café de la mañana hacia tiempo había desaparecido, y el tacto solo sentía el frio de mi bolso que aun mantenía pegado a mí. Parecía estar sumergida en una caverna, lejos de todo y de todos. Mi mente insistía con su racionalidad de que esto debía tener una explicación. Por más que me esforzara yo no encontraba ninguna. Avancé un poco más. Comencé a ver algunas sombras, y una luz muy tenue. De pronto algo se movió muy suavemente erizándome el cabello de la nuca. Traté de enfocar mi vista y asombrada descubrí un gato negro con un ojo y dos patas manchadas de blanco. El parecía a la vez que temeroso contento de tener compañía. Me agaché para poder acariciarlo, su cuerpo se curvó, mientras extendía la cola hacia arriba. Parecía dispuesto a atacarme, aunque dudó y finalmente pudo más la necesidad de una caricia. Estaba muy flaco, de comida y de afecto. Se pegó a mis piernas, instándome a avanzar. Al menos eso es lo que creí. La oscuridad había dejado de ser tan absoluta, pero aun no era suficiente para descubrir donde estaba.
- Hola, ¿hay alguien aquí?
Si lo había no se dignó a contestarme...Seguí avanzando, o retrocediendo o girando... Mi sentido de la orientación nunca fue una de mis virtudes.
Tropecé con algo y faltó poco para perder el equilibrio. Intente ver de que se trataba pero no distinguí nada. Tomé otra dirección para evitarlo. El gato seguía fielmente mis pasos. De pronto imaginé estar en un laberinto, se asemejaba mucho a uno. ¿Cómo salgo de aquí? ¿Podría regresar al ascensor? Y aunque pudiera ¿de qué serviría?
La desesperación empezó a aguijonear mis entrañas, grité con todas mis fuerzas. La única reacción que obtuve fue la del gato, que se pegó aún más a mí. Extrañamente me sentí reconfortada, no estaba sola.
De la nada apareció ante mí una puerta de madera, en forma de arco. Parecía muy antigua. La toque suavemente y se abrió, invitándome. El miedo nuevamente dio señales de vida, encendiendo luces rojas en mi cerebro. Pese a todo entré a esa nada que se abría frente a mí. Parpadeé incrédula.
Ante mi una mujer con el pelo gris,  lacio, cuyas puntas casi rozaban el suelo. Vestía una túnica amarilla. Su piel era el reflejo de los años vividos.
- Adelante, me dijo con una voz que sonaba melodiosa.
No me inspiraba temor, al contrario, solo incredulidad.
Me acerqué con el gato, con quien ya éramos uno.
- ¿Porque tienes tanto miedo?
Me reí ante tan tonta pregunta.
- ¿No es obvio? Me presenté a una entrevista de trabajo, subí a un ascensor que comenzó a bajar y bajar, parecía que nunca se detendría y…
- No me refería a eso, me interrumpió. ¿Porque tienes miedo de vivir?
La miré sin comprender.
¿Quien sos? Le dije en un tono más agresivo del que me hubiera gustado.
Eso no importa, contesta mi pregunta, dijo con autoridad, sin perder la dulzura.
Me quede callada unos instantes, pensando.
- No quiero sufrir – dije, segura que mi respuesta la dejaría satisfecha.
Me equivoqué.
- Ese no es motivo para dejar de vivir, de encontrar un sentido a tu vida. Aun cuando sufras debes seguir. Tus miedos déjalos acá, en este lugar, y vuelve allá, a tu mundo dispuesta a enfrentarlo.

Comprendí en un instante que todo esto no había sido más que un mal sueño.
- Estoy de acuerdo, solo te pido que me dejes llevar conmigo al gato.

El ruido del despertador me sobresaltó. Abrí los ojos mientras me desperezaba. Ahogué un grito al ver un gato negro con un ojo y dos patas manchadas de  blanco que me miraba.

   

33 comentarios :

  1. No sé si fue peor el sueño o el despertar.
    Es para no volver a dormirse jamás.

    Besos.

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  2. Uhauuuuuuu
    Si realmente no se si fue mas tenso el sueño que la realidad al abrir los ojos!!!!!!!!

    Cariños

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  3. Gabriela... excelente.

    Un abrazo.

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  4. Has hecho que se avive mi claustrofobia. Uff, qué mal rato. Ahora cuando tome el ascensor recordaré tu relato.
    :)
    Besos

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    1. Jajajaja, amig@mi@, perdón !!! No fue mi intención ;)
      Besos

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  5. Espeluznante de principio a fin. Pero allí vamos tus lectores junto a ti (protagonista), en ese mismo "descensor" sintiendo el miedo palabra a palabra y con el corazón en la garganta, para acompañarte en el despertar y sentir más miedo todavía.
    Recuerda todos los sueños por favor, para hacernos partícipes!!!
    Felicitación, gran relato!
    Un abrazo grande de anís y cariño mío.

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  6. Hola Gabriela!
    Muy bueno tu relato. De miedo. ¿Sabes? Yo también escribí uno titulado El Ascensor, pero los ocupantes aprovecharon de hacer otra cosa cuando el aparato se descompuso.
    Saludos!
    Pilar Lepe

    www.pilarlepe.blogspot.com

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    1. Gracias Gaby, por pasar a mirar mi blog. Y agradezco también tus palabras. El pesimismo me abruma cuando las personas que me rodean, no creen en mí. Si se tomaran la molestia de leer, tal vez entenderían.
      Un abrazo!

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    2. Hay gente que simplemente no vale la pena Pilar, segui adelante, a pesar de los tropiezos.
      Un abrazo.

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  7. Gaby muy buen relato, lleno de matices .que te mantiene con los pelos de punta del principio al fin. Muy rico en descripciones. Me gusto mucho, te felicito! Abrazos y cariños como siempre.

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  8. Gracias Gladys! Que lindo que te haya gustado :))
    Besos

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  9. Gaby , como gran admirador de tu escritura te digo que este relato es de una intensidad tremenda, muy bueno...pero como colega tuyo me permito hacer una critica.
    El final:
    Comprendí en un instante que todo esto no había sido más que un mal sueño y:
    El ruido del despertador me sobresaltó. Abrí los ojos mientras me desperezaba. Ahogué un grito al ver un gato negro con un ojo y dos patas manchadas de blanco que me miraba.
    Son muy trillados, yo particularmente dejaría la frase:
    - Estoy de acuerdo, solo te pido que me dejes llevar conmigo al gato....y quizás apenas alguna otra que de insinuacion de un [posible suenio o dejar al lector que lo imagine. Algo como ...me prepare un cafe y le di un platito de leche al minino o algo asi...
    Un besote

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  10. Estimado Daniel agradezco tu sugerencia.
    Saludos :))

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    1. :) esto que comente es una de las tantas correcciones que nos hizo la profe del curso de escritura creativa del Cervantes. No es idea mia...pero yo la adopte...
      No se si te dije yo tengo un blog similar con algunos companieros(solo que estoy medio vago):
      http://hoyhistorias.blogspot.co.il/
      nos vemos el jueves

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    2. Jajaja, ok.
      Y de paso te digo no sabia que eras " gran admirador de mi escritura".
      Besos.

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  11. Un relato trepidante y que me mantuvo atrapado hasta el final.Hay sueños que son tan reales como la vida misma.
    Un saludo.

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    1. Es asi, realidad y sueños se entremezclan a veces.
      Gracias Jorge por comentar.
      Saludos

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  12. Jolin siempre he tenido un respeto especial por los ascensores, ahora comprendo por qué gracias a tu explicito relato. Un besazo.

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  13. Un mal sueño o quizá una reflexión que nos deberíamos hacer todos en el día a día.
    Ha sigo estupendo, Gamyr, genial y agobiante.
    Besos.

    Me ha gustado mucho el comentario de tu amigo Daniel Kritz. Voy a visitarle. Besos.

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  14. ¡¡Magnífico!!
    ¡Me ha encantado el relato!
    Gracias por pasarte por mi casa, no te conocía y a partir de ahora ya no te perderé de vista.
    ¡Me gustas!
    Besazo

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  15. Jajajajaja, gracias ! Me alegro mucho.
    Saludos :)

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  16. como todas las cosas que nos impactan, deja pensando

    besos

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  17. Genial , me has tenido espectante, muy bien descripto. Un beso

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  18. Podría nombrarlo como uno de tus mejores escritos.

    Éxitos :D

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Gracias por dejarme tu comentario :)