
Soy invisible. Ya sé lo que van a decirme. Las personas invisibles no existen más que en la imaginación de escritores, cineastas, y hasta algún ser humano común que más de una vez desea desaparecer de la faz de la tierra. Sin embargo existo. Nunca deseé serlo. Al contrario, cuando me di cuenta de mi invisibilidad me odié. Es muy difícil aceptar que la gente pase al lado tuyo y no te registre, te ignore, te lleve por delante, te atropelle o simplemente no te dirija la palabra. Ya me acostumbré, y no sólo eso, ahora lo disfruto. Me llevó mucho tiempo, lo admito. Hoy por hoy me siento feliz de ser una mujer invisible. Tiene ventajas inimaginables. No necesito dar explicaciones a nadie de lo que hago con mi vida, a que hora salgo o regreso, adónde voy o con quién. Nunca debo tomarme tiempo para mi misma, ni hacer altos para conectarme con mi esencia, relajarme, alejarme, no me canso dando explicaciones de ningún tipo. Soy libre. Independiente. Manejo mis tiempos, necesidades, placeres y gustos a mi total antojo. No debo preocuparme por mi aspecto, si estoy peinada, depilada, gorda, con granos, maquillada. Me arreglo solo por mí, y por nadie más, me gusta verme bien.
Cuando voy a hacer las compras, pongo todas las cosas en el carrito del supermercado, la gente a lo sumo se sonríe viendo pasar un carrito repleto sin que nadie lo lleve. En la caja, pongo los productos y la cajera sólo se preocupa de recibir el pago, ¡Qué le importa que no vea a nadie! Ella automáticamente pasa los productos y luego dice el monto en voz alta, y yo le pago. Ropa no necesito comprar, voy desnuda y nadie dice nada ¡Si no me ven!
Cuando me gusta un hombre, me acerco y lo encaro. No puedo negar que se sorprenden, pero les fascina escuchar una voz que les susurra propuestas y les enciende todos los sentidos. Es fácil llevarlos a la cama, a lo sumo debo guiarlos un poco al principio y después se relajan. Es una experiencia única, se las recomiendo.
Paso mis días escribiendo, leyendo, paseando y disfrutando de la vida. Así que si alguna vez se cruzan con una cartera sin dueña, un auto sin chofer, una voz que les susurra al oído, no se asusten. Ahora ya saben que soy yo.
Muy bueno!!! Seria una excelente experiencia el ser invisible por un tiempo.
ResponderEliminar;o)
Totalmente :)
EliminarWow, sería fantástico probar durante un tiempo, que no para siempre, por si de tanto no ser más que esencia, se desvaneciese por completo una!
ResponderEliminar:)
Muy bueno.
Besos.
Desaparecer! Solo cuando nos venga en gana ;)
EliminarBeso
Yo también lo soy.
ResponderEliminarA que no me has visto jamás?
Pues eso.
Besos.
No te vi nunca :(
EliminarJajajaja
Besos
Mucha gente solitaria puede leer este relato y verse reflejada.
ResponderEliminarEs una ficción muy real.
besos
Ciertamente es asi
EliminarBesos
Yo más que invisible me declaro mimética. Me gusta serlo y disfruto cuando lo consigo.
ResponderEliminarMuy buen relato, amiga
Que buena cualidad amig@mi@
EliminarBesos
Me gusta mucho tu relato. No me gusta nada que en esa circunstancia hay muchísima gente. Lo bueno que esta invisible del relato es muy feliz así.
ResponderEliminarCada vez escribes mejor Gaby, felicidades!
Y Un gran abrazo.
Gracias Sara! Me alegra mucho que pienses asi :)
EliminarCon respecto a la gente "invisible" que sufre a mi tampoco me gusta nada.
Besos
¡Que soledad!
ResponderEliminarBesazo
Y si!
EliminarBesos
De invisibles está lleno el mundo. Al menos, el personaje de tu relato lo disfruta...
ResponderEliminarUn beso.
Si no? Es un consuelo!
EliminarBesos