lunes, 25 de febrero de 2013

Fiesta de cumpleaños


La propuesta de este mes en Adictos a la escritura es describir una escena que incluya tres elementos que en principio parecen fuera de lugar.



La ciudad dormía en un sopor trasnochado. Roque no podía. Esa día su hijo cumplía cinco años  y el no tenía dinero. Se sentía culpable por no poder regalarle una fiesta, como tenían todos sus amigos del jardín. Se paseaba nervioso por el salón de la casa, intentando no despertarlos. Mirta apareció en la puerta. Su pelo estaba revuelto y aplastado al mismo tiempo. Era hermosa y la amaba. A ella tampoco podía darle lo que se merecía. Hubiera querido refugiarse en sus brazos, perderse entre sus besos, embriagarse con el aroma de su piel. Mirta sonrió, lo conocía tan bien... Estiró su mano, invitándolo a volver a la cama. Estuvo tentado de hacerlo. Se acercó, le dio un beso en la frente y salió apurado.La decisión estaba tomada.
Caminó varias cuadras, mientras la noche lo acompañaba. No quería pensar en lo que tenía que hacer, mas sabia que no le quedaba alternativa . En su cabeza tenia la imagen de su hijo grabada. El tuerto descaradamente irrumpió  en sus pensamientos, tantas veces le había ofrecido que fuera con él y sus amigos a robar. El siempre se negó, el quería trabajar, disfrutar de su familia, ser un hombre honrado. El tuerto se reía a carcajadas. Hasta le pareció escuchar su risa estruendosa.
La chica de la estación de servicio estaba distraída con su celular, dentro del kiosco, resguardada del frio de la madrugada.
El se acercó lo más sigilosamente que pudo. Necesitaba sorprenderla, que no se diera cuenta que su arma era de juguete. El robo duró pocos segundos, la chica no opuso resistencia y le dio todo el dinero. Antes de irse, rápidamente tomó una bolsa de globos y una nariz de payaso. Al abrir la puerta, acurrucado, temblando de frio, vio a un cachorrito y lo agarró. Mientras corría con todas sus fuerzas pensaba que esa tarde Martín tendría su fiesta de cumpleaños. Puso al cachorrito en el patio, en una caja de cartón cubierto apenas con una toalla vieja. Se fue a dormir un par de horas.

A las cinco de la tarde, con la cara pintada de blanco y la nariz roja de payaso, abrió la puerta de la casa pensando que algún invitado llegaba tarde. Cuando vio a dos policías supo que la fiesta había terminado.

Mi elección fue : Un robo a mano armada con los elementos fuera de lugar: Un globo, un payaso y un cachorro

domingo, 10 de febrero de 2013

Distancias


Distancias infranqueables
que nada tienen que ver
con las distancias.

Palabras que apuñalan
silencios que se clavan
en la piel.

Muros orgullosos
levantados
en mínimos instantes.
oidos necios
que se niegan a oir...

Y es el dolor
que abraza
y es la pena
que a tu lado se recuesta

Soledad de besos
manos vacias
que buscan
desesperadas
las tuyas...


miércoles, 6 de febrero de 2013

Vivir en el infierno



Los rayos de sol se colaban caprichosos.. Nos sentamos en una esquina, alejadas del resto. Si no fuera por donde nos encontrabamos podria decirse que dos amigas se sentaban a disfrutar de una charla amena.
- ¿Cómo se transforma una en asesina?
La pregunta rebotó entre nosotras como una pelota lanzada con violencia. Miré a Silvia estudiando su rostro grisáceo y apagado. A otra persona no le hubiera permitido esa pregunta. Llegó hace unos seis meses atrás y si no la hubiera acogido bajo mi protección hoy no estariamos charlando. Es sumamente vulnerable.
- ¿Como se transforma una en ladrona? le espeté.
- No me vas a comparar - dijo y enseguida un rayo de arrepentimiento atravesó sus ojos verdes.
Me quedé callada un momento, acomodando las ideas en mi mente que pujaban unas a otras por salir.
Guillermo era un hombre cruel, despiadado. Al principio todo iba bien, hasta que una camisa quemada desencadenó su furia. Tomó la plancha hirviendo y la apoyó en mi espalda. No puedo describirte el dolor que sentí. Noches enteras tuve que dormir boca abajo hasta que mi piel cicatrizó. La marca nunca se borró.
- La vi en las duchas, nunca me atreví a preguntarte...
Ese fue sólo el comienzo, golpes de puño, sopapos, humillaciones, quemaduras de cigarrillos en brazos y piernas, insultos , amenazas fueron mi plato diario. Temblaba con solo verlo, y un odio visceral fue creciendo en mi interior. No lo planeé, te lo juró. Simplemente cuando se presentó la oportunidad no lo dudé. Su violencia no tenia limites, ni siquiera se arrepentia ni pedia perdón. El se creia superior a nosotros, porque nos mantenia. Eso le daba derecho a maltratarnos.
- ¿Les pegaba a tus hijos?
- Los insultaba, los escupía, los castigaba encerrándolos horas en el baño...
Esa mañana los chicos no estaban en casa. Guillermo pidió que le cebara unos mates. Me había olvidado de comprar yerba. Cuando vio que tomaba la cartera para ir a comprar comenzó a insultarme. Sabia que de nada serviria excusarme, él no entendia razones. Sus ojos eran rojos, bañados en ira. Miré para todos lados buscando una salida. Tenia miedo, mucho miedo. Comenzó a acercarse con el brazo en alto, preparado para lastimarme. Fui hacia atras, me topé con la mesada. No tenia escapatoria. Mi mano encontro un cuchillo, que tomé sin pensar. Cuando estaba a punto de golpearme clavé el cuchillo en su pecho con toda la fuerza de la que fui capaz. Cayó al suelo y volvi a clavarlo, esta vez en su espalda, en los brazos, hasta que cai rendida a su lado.
- ¿Estas arrepentida Maria?
No, desde luego que no. Lo volveria a hacer. Prefiero estar aqui encerrada que  vivir el resto de mi vida en el infierno junto al mismisimo diablo.

Cualquier parecido con la realidad es pura coinicidencia...

martes, 29 de enero de 2013

Anhelado final





La propuesta de este mes en Adictos a la escritura es el "Fin del mundo fallido".
Sentada en la cama, con las piernas arrimadas a su pecho, pendiente de cada ruido, Samantha esperaba el fin del mundo. Lo habían anunciado. Sentía que así seria, tal y cual lo habían asegurado. En tan sólo veintitrés años había conocido el dolor, la soledad, la desilusión... Su corazón se veía como un trapo viejo y sucio... Tenía miedo aunque en un punto sentía que era mejor así. Si bien era  difícil aceptar que todo terminaría, no podía pensar en otro día vacío, gris, sofocante... Hoy finalmente sería liberada... Se incorporó apenas para mirar por la ventana, el cielo era de un color azul noche brillante, salpicado de pinceladas grises y rosadas.
Sus padres y hermanos habían muerto siendo muy chiquita, en un accidente, habiendo sido ella la única sobreviviente. Jamás entendió por qué ni para que, hubiera sido mejor irse con ellos...
Miró el reloj, no sabía en qué momento exacto ocurriría. Su corazón latía desbocado, anunciando el final.
El mundo era un gran fiasco, donde la hipocresía, la traición, el engaño y la mentira estaban a la orden del día. Por eso era lógico su final. Ella esperaba otra cosa de la vida, no recordó un solo día de felicidad.
Comenzó a llover, al principio una lluvia fresca, tenue, que pronto se convirtió en una tormenta furiosa, con rayos, relámpagos y truenos iluminando el cielo. Se estremecía a cada instante.
- De modo que así será, dijo Samantha en voz alta, sorprendiéndose a sí misma con su voz. Así terminará todo...
Las puertas y ventanas abiertas golpeaban incesantes, con un viento impiadoso que las sacudía.
Samantha cerró los ojos y una luz penetró en sus pupilas, fue corriendo atraída por una fuerza desconocida. Un tibio calor se apoderó de su cuerpo entumecido, subiendo lentamente hasta cubrirlo todo. La estaban esperando, fue envuelta en un abrazo transparente, acogedor. Se sintió liviana, etérea, estaba rodeada del amor que tanto tiempo añoró. Era feliz, por primera vez en su vida era feliz.
Unos días más tarde encontraron a Samantha sin vida, sentada en la cama, con las piernas arrimadas a su pecho.

lunes, 21 de enero de 2013

El verdugo


Podría seguir durmiendo, hoy es domingo. ¡Qué pena! Debo ser la única persona en el mundo que no se alegra de tener un día libre. Es que amo mi trabajo, disfruto cada segundo. Ejecutar mi tarea es un elixir para mí. Hay personas que disfrutan del sexo, otras de la comida o la bebida. Yo en cambio gozo cuando llevo a cabo mi labor. Me levanto. Me preparo el desayuno y enciendo la televisión. Me aburro así que pronto me quedo dormido.

Las risas de unos niños me sobresaltan. No los soporto. Abro la ventana y les grito. Salen corriendo entre risas contenidas. Es una mañana soleada de verano. Lamento que no llueva torrencialmente, esos son los días que me gustan a mi, puedo quedarme horas contemplando el firmamento, enceguecido por los rayos que encienden el cielo.

Miro el noticiero, disfruto la sección policial. Nuevos asesinatos, crímenes pasionales, venganzas. Mi trabajo aumentará pronto, luego de los juicios y la infinidad de apelaciones que los malditos cuervos siempre sacan de la manga. Finalmente la justicia se impone, llegando a mis manos. Soy como Dios.

Almuerzo frugalmente, como es mi costumbre. Decido salir a caminar, a pesar de que el día no me agrada. Me pongo mi gorra y camino unas cuadras. Al llegar a la plaza me siento en un banco vacio. Pocos minutos después una joven se sienta a mi lado. La ignoro. Ella tiene ganas de conversar. Evidentemente está tratando de acercarse. No me interesa y se lo hago saber. Alcancé a ver una lágrima a punto de suicidarse antes de que saliera corriendo. Me rio, fui muy duro con ella.

Una vieja me está mirando, debe haber visto toda la escena. “¿Usted no tiene alma? ” me pregunta. La miro como quien mira a una cucaracha antes de pisarla. No le contesto. Me voy.

Cuando regreso a casa veo que hay un mensaje en el contestador. Una conocida adrenalina empieza a recorrerme. La oficina del fiscal me informa que mañana habrá una ejecución especial, las apelaciones no funcionaron. Mañana es el día. Imagino las últimas horas del infeliz, su sufrimiento me alimenta. Estoy contento. Recreo en mi mente tantos rostros, suplicantes, resignados, aterrados, llorosos. Me doy cuenta que estoy sonriendo, y por algún motivo regresa a mi mente la pregunta de la vieja ” ¿Usted no tiene alma? Definitivamente NO.

Trabajo presentado en el marco del Taller de Escritura "La búsqueda"

miércoles, 9 de enero de 2013

Lágrimas del cielo




Todo es gris, 

el día, mi pena, 

tu ausencia... 



No me acostumbro, 

aún cuando cambien 

los números del calendario... 



Tu muerte me arrancó las raíces 

haciéndome tambalear, 

dejándome a la deriva 

en un mundo que no comprendo. 



Te quiero, te extraño, 

te extraño, te quiero. 



Me mira tu imagen 

desde el frío cartón 

donde tu sonrisa 

quedó congelada. 

Tantas cosas me gustaría contarte, 

escuchar tu voz 

y tu abrazo, 

¡Cuánto necesito tu abrazo! 

Donde quiera que estes, 

espero que sepas que no te olvido .




Dedicado a mi madre en el día de su cumpleaños:

Feliz cumpleaños mamá. 


domingo, 6 de enero de 2013

El peluquero



Las confidencias fueron la clave. Nunca dejo de sorprenderme a mí mismo, es más, creo ser un caso único en la historia, sino díganme ustedes cuántas personas conocen que se enamoran de otra con lo que le cuentan de ella?
Los encuentros siempre fueron casuales, imprevistos. Jamás me animé a decirle nada, aunque bastaba su cercanía para que mi corazón se acelerase, mis manos comenzaran a transpirar, y su sola presencia me ponía nervioso. Para mí fue sencillamente increíble aceptarlo, ya que hasta ese momento desconocía que una persona así pudiera atraerme tanto. Mi sangre se alborotaba, me quedaba horas callado, pensando en cómo serían sus besos, sus caricias... Me enamoré de su juventud, de sus sueños, de sus proyectos para la vida, de su simpatía, de su sonrisa... Supe desde un principio que lo nuestro era imposible, aun así no pude evitar enamorarme como un adolescente a pesar de mis cuarenta y ocho años.
Cuando entraba en la peluquería mis mejillas se sonrosaban, me volvía torpe en un estúpido intento de que me viera atractivo, irresistible, cautivante...

Entró al local sumamente alterado, llevaba un arma en su mano. En  ese instante comprendí todo, demasiado tarde. Primero le disparó a su mujer, y cuando me apuntó a mí, de nada sirvió que le confesara cuanto lo amaba...

miércoles, 2 de enero de 2013

Una voz


Llegó a casa tarde, estaba agotado. Se descalzó y prendió la televisión. En el camino apretó el contestador para escuchar los mensajes. Volvió sobre sus pasos al oír una voz de mujer, melodiosa, suave, envolvente. Pronto comprendió que el mensaje no era para él , la dama se había equivocado de número.Volvió a escucharlo"Quería saludarte para fin de año, espero que a las doce brindes tambien por mi, te extraño, espero verte pronto..." Ni siquiera reaccionó cuando el tono de ocupado penetró molesto en sus oídos. Su mente vagaba imaginando a la dueña de esa voz sensual. Esa noche le costó dormirse, cuando por fin lo logró desfilaron por sus sueños rostros femeninos sonriéndole, llamándolo, seduciéndolo...


Se despertó temprano y fue corriendo a escuchar la grabación, una y otra vez... Perdió la cuenta de cuantas veces la oyó. Estaba fascinado, cautivado. Esa noche después de trabajar no volvió a casa, se sentó en la barra de Joe's mirando, buscándola...Habló con todas las mujeres que estaban en el lugar, después de unos minutos meneaba la cabeza, dejando a sus interlocutoras frustradas, fastidiadas, enojadas, curiosas. No se dio por vencido, al día siguiente volvió, y al otro, y otro también. No la encontró, estaba dispuesto a seguir buscándola, ella debía estar en algún sitio. El la encontraría, mientras tanto la tenía atrapada en una cinta, y todos los días le hablaba a él.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Aquella puerta en Katmandú



Este mes en el Proyecto de Adictos a la Escritura la propuesta consiste en hacer un relato a partir del título que nos de otra persona. A mi me tocó Aquella puerta en Katmandú propuesto por " La Novia".



Estaba todo listo. La ropa empacada, el boleto, el pasaporte. El momento tan esperado había llegado. Me sentía extraña, supuse que era por tanta excitación. Había soñado con este viaje desde que tenía memoria. Nadie entendía por qué había elegido un destino tan exótico. Yo tampoco. Hacía tiempo había dejado de cuestionarme todo. Mi psicólogo así lo había aconsejado. Mi búsqueda interior era intensa, incesante, agotadora. Era el momento de disfrutar. Encontrarme conmigo misma, alejarme de todo y de todos. Reunir el dinero fue un gran desafío, trabajé incansablemente y eso hacía que sintiera orgullo de mi misma. Emprender este viaje a un lugar tan lejano, desconocido y sola me llenaba de adrenalina. Sabía que era necesario, aunque no supiera bien por qué.
El viaje fue larguísimo, interminable. Llegué al hotel .Estaba exhausta así que preferí dormir unas horas y luego salir a comer algo. La cama me atraía como un imán, caí agotada. Tuve un sueño muy extraño, imágenes que se entremezclaban sin sentido. Me desperté empapada en sudor, fui a ducharme.Logré sentirme un poco mejor, aunque el sueño rebotaba en mi cerebro, fastidiándome.
Salí a caminar, era una noche agradable. Busqué un lugar para comer, me sentía famélica. Encontré un sitio acogedor, con aromas atrevidos e invitantes, tomé una gaseosa mientras esperaba la comida. Me sentía bastante más animada y decidí dar una vuelta antes de regresar al hotel. Caminé por callecitas estrechas, con adoquines desparejos, casas viejas, pintadas de amarillos y ocres. Quedé de una sola pieza al ver una puerta, en forma de arco, de madera oscura y muy gastada. Esa misma puerta había aparecido en mi sueño, no tenía ninguna duda. Salí corriendo, espantada. Al llegar al hotel, intenté tranquilizarme. Mi reacción no tenía sentido, me enojé conmigo misma y prometí que mañana bien temprano volvería.
A las ocho desperté relajada y feliz. Mi promesa de ayer empujaba, apretaba en mi cerebro. La ignoré. Después de desayunar decidí pasear por la ciudad, tomar fotos, comprar algún recuerdo, de otro modo mis hermanos menores no me lo perdonarían. Fui exactamente para el lado contrario que ayer, no quería volver "ahí". Me estaba comportando como una idiota, lo sabía, no podía evitarlo. No entendí como aparecí frente a la misma puerta de mi sueño, esa que había intentado ignorar todo el día. Antes de que pudiera reaccionar la puerta se abrió. Ahogué un grito. Frente a mi estaba yo misma, es decir, una mujer idéntica a mí, solo que vestía diferente, con una especie de pañuelo que se cruzaba por la espalda y un hombro, el pelo recogido y tirante hacia atrás. Entre sus cejas una especie de lunar pintado de rojo. Me abrazó fuerte sin darme tiempo a nada. Quería salir corriendo otra vez, sólo que esta vez una fuerza poderosa y desconocida me lo impidió. La mujer me llevó adentro, el lugar me dejó sin aliento. Alfombras y almohadones recubrían todos los espacios, existía un magnetismo indescriptible. Un sitio desconocido y a la vez absolutamente familiar. En ningún momento la mujer soltó mi mano, hasta que me acostumbré a ella. Me transmitía calidez, confianza. De algún modo me completaba, llenaba todos esos espacios vacios que siempre me habían molestado. No entendía lo que estaba pasando, dónde estaba ni con quién, sin embargo una sensación de plenitud se apoderó de mí.

- Bienvenida, por fin llegas, te esperé mucho tiempo. Me reconocí en su sonrisa.
Mis ojos estaban llenos de interrogantes, que saltaban ansiosos por ser respondidos.
- Me llamo Aishwarya y soy tu hermana. Fuimos separadas al nacer. Sus palabras descorrían lentamente un velo que hasta ese momento ignoraba que existía.
Preguntas que nunca fueron formuladas se encontraron con las respuestas que había venido a buscar.
- ¿Como me encontraste?
- Tú me encontraste a mí ¿recuerdas?
Una carcajada liberó la tensión que se anudaba en mi garganta. Abracé fuertemente a Aishwarya, mi hermana. Paladeé esa palabra cual dulce caramelo. Me senté frente a ella y dije:
- Ven, tenemos mucho de qué hablar.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Nelly

Llegaste unos minutos después que yo. Te sentaste a mi lado, justo frente a la puerta del consultorio. Era temprano y aún no había muchos pacientes esperando. La conversación fluyó y en pocos minutos sabíamos mucho más la una de la otra de lo que se podría imaginar entre dos desconocidas.


Supe de tu dolor, conociste mis miedos. Los velos de las confesiones que uno guarda para si fueron descorridos con increíble naturalidad.


La doctora llegó y nuestro tiempo compartido terminó, dejándonos hambre de más.


Nos despedimos apuradas, sabiendo tan sólo nuestros nombres...


Todo el día pensé en vos, me trajiste recuerdos de personas que ya no están a mi lado. Sentí la tibieza de tu corazón que con una mano invisible tocó el mío. Por unos minutos las ausencias se llenaron de vos.


Seguramente nos habíamos conocido en otra vida, en otro tiempo, en otro espacio. .. La conexión que tuvimos no pudo haber nacido ayer. Sentí que alguien desde algún lugar me mandaba un mensaje a través .tuyo. Tuve la suerte de comprenderlo, de que no pasara desapercibido.


Sé que volveré a verte, quién sabe, algún día, en algún lugar... Es que aún nos queda mucho por hablar...

viernes, 14 de diciembre de 2012

Una tarde maldita


Su piel era tan blanca, tan suave, tan tersa. Su aroma lo envolvía, lo atraía como un imán. No pensó que estaba mal lo que sentía, no censuró esa atracción que ella le provocaba.  Aprovechó una tarde en que se habían quedado solos. La llamó y comenzó a excitarse con solo verla aparecer. Era tierna, dulce, angelical. Un cosquilleo en su ingle desencadenó lo que tanto tiempo había soñado, hacerla suya, poseerla, ser su primer y único dueño.
El mundo rosa, mullido, acogedor se transformó en un instante en una caverna fría y oscura. No comprendió porque, no sabía qué hacer con ese dolor que la desgarraba por dentro. Quería gritar, mas su grito quedó petrificado bajo su peso, su fuerza, estrellándose y haciéndose añicos, como un espejo roto en mil pedazos. Y cada uno de esos vidrios se incrustaba a un mismo tiempo, provocando un dolor indescriptible. Le dolía el cuerpo, si, y le dolía más la decepción, la sorpresa, el derrumbe de su vida.
No sabía a quién acudir, él le había asegurado que nadie le creería, que la tomarían por loca, que la encerrarían… No supo qué hacer, por algún motivo le creía, a la vez que le temía. Su alegría la había abandonado aquella tarde para siempre. Nunca más volvió a sonreír. Se limitaba a hacer todo lo que esperaban de ella, era como si viviera en piloto automático.
La escena se repitió una y otra vez. Durante seis largos años. Seis largos años que le fueron robados, ultrajados, asfixiados. Seis largos años de almohadas empapadas, de sueños aplastados, de inocencia arrebatada. Seis largos años que ella tomó un día entre sus manos temblorosas y tomó una decisión  definitiva.
Cuando abrió la puerta se sorprendió de ver a dos policías. Traían una orden de arresto. Las palabras comenzaron a hacer piruetas en el aire, dejó de escucharlas, sólo algunas sueltas llegaban a sus oídos…denuncia… acompañar…tiene derecho… callado….en su contra…Su cerebro se negaba a  cooperar, ¡no era posible! Le estallaba la cabeza que se tomó con ambas manos, no, no era cierto, su chiquita, su propia hija lo había denunciado.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La pesadilla de Carlos


Este mes en el proyecto de Adictos a la escritura la propuesta es la escribir  un microrelato con la     elección de un texto entre tres
opciones 

Elegí: Un hombre en una consulta dental, con fobia al dentista. No pueden utilizarse en el texto las siguientes palabras: MIEDO, TERROR, PANICO, FOBIA,PAVOR




Ubicado en el sillón comenzó a temblar
- Cálmese buen hombre, esto no le va a doler.

No existían las palabras que pudieran convencerlo. Había intentado todo: ejercicios de relajación, control mental, medicina alternativa. Nada  consiguió relajarlo. Debía hacerse un tratamiento dental, quisiera o no.
El dentista, hombre experto, había tratado varios pacientes como Carlos. Sabía que existían casos extremos, y que nada funcionaba. Hace unos meses había elaborado un plan que venía funcionado con éxito. Decidió utilizarlo también con Carlos. Apretó un botón y Giselle apareció al son de una suave música.
Vestida con un delantal de enfermera, cofia, medias blancas caladas con ligas, ropa interior de encaje. Lentamente comenzó a desvestirse, con movimientos sensuales, invitantes, provocadores. Giselle era una artista, sus pasos eran felinos, hipnotizadores, audaces...
Cada prenda iba deslizándose suavemente  al piso, formando una montaña de erotismo en el suelo.
Listo mi amigo, ya acabé. Puede cerrar la boca.-

lunes, 26 de noviembre de 2012

Dolores de guerra




La angustia se acurruca en un rincón, empujando a su paso al miedo y la incertidumbre. Veloz viene detrás la impotencia, que aplasta al resto, dejando a mi alma anegada de lágrimas...


Pintura de Afredo Sincleir

viernes, 23 de noviembre de 2012

Guerra



Los aviones rugen furiosos
lastimando el cielo
en su intento claro
de a su gente defender. 

La tierra clama
en nubes negras.

El odio ciego
aplasta la inocencia
tras máscaras absurdas,
cobardes.

¿Y la paz?

La paz se esfuma
desangrada.

lunes, 5 de noviembre de 2012

El ascensor


La cita era a las diez. El edificio era antiguo, de techos altos, paredes cenicientas, piso de mármol que supo tiempos mejores. Me había recogido el pelo, llevaba puesto un pantalón azul y una blusa de gasa. Me miré en el espejo, estudiando mi imagen y sonreí en un intento de  darme ánimo. Saqué el papel de mi bolso, no recordaba si era el séptimo u octavo piso. Me sentía inquieta, no me gustaba el lugar. Ya estaba ahí y la verdad es que necesitaba el empleo. No podía darme el lujo de ignorarlo solo porque el edificio no me resultara agradable ni acogedor. Rechacé el impulso de salir corriendo. Esperé unos instantes hasta que llegó el ascensor. Subí con cierta aprensión, no tenia espejos, parecía una enorme caja pintada de verde. Una sensación de asfixia se apoderó de mí. Apreté el botón, y comenzó a descender. Me fijé nuevamente por si me había equivocado, el número ocho estaba iluminado. La asfixia se acentuó. Traté de tranquilizarme e imaginé que lo habían llamado desde el subsuelo. Pasaban los segundos y no se detenía. Hasta me parecía que cobraba velocidad. Bajaba, bajaba y seguía bajando. Comencé a marearme. Esto no era posible. El número ocho comenzó a parpadear, como si me guiñara el ojo, hasta apagarse por completo. La oscuridad se hizo presente, una garra invisible apretaba mi garganta. Un sudor frio me recorría de pies a cabeza. Apretada a mi bolso cual escudo de guerra esperaba ansiosamente que el ascensor finalmente se detuviera.
Traté de tranquilizarme concentrándome en respirar pausado, exhalando lentamente. En algún momento debería detenerse y habría una explicación lógica a todo esto. Mientras pensaba esto el ascensor seguía bajando, totalmente indiferente a mis cavilaciones.
No sé cuánto tiempo pasó, a mi me pareció una eternidad. Finalmente se detuvo. Expectante esperé a que las puertas se abrieran. No tenía idea de con que me podría encontrar. Al principio no distinguí nada, mis ojos tardaron unos segundos en readaptarse. Me costaba moverme, estaba entumecida. Mis músculos tensos no querían colaborar. No sabía qué hacer, si quedarme quieta, si gritar pidiendo auxilio o salir sigilosamente a otra oscuridad que parecía tragarme. Opté por la última opción. Mis pasos eran sumamente lentos, precavidos, en un intento de tantear lo que mis pies pisaban. Esforcé al máximo mis sentidos, la vista no ayudaba en la oscuridad reinante, el olfato no distinguía aromas definidos, el oído parecía sordo, el gusto del café de la mañana hacia tiempo había desaparecido, y el tacto solo sentía el frio de mi bolso que aun mantenía pegado a mí. Parecía estar sumergida en una caverna, lejos de todo y de todos. Mi mente insistía con su racionalidad de que esto debía tener una explicación. Por más que me esforzara yo no encontraba ninguna. Avancé un poco más. Comencé a ver algunas sombras, y una luz muy tenue. De pronto algo se movió muy suavemente erizándome el cabello de la nuca. Traté de enfocar mi vista y asombrada descubrí un gato negro con un ojo y dos patas manchadas de blanco. El parecía a la vez que temeroso contento de tener compañía. Me agaché para poder acariciarlo, su cuerpo se curvó, mientras extendía la cola hacia arriba. Parecía dispuesto a atacarme, aunque dudó y finalmente pudo más la necesidad de una caricia. Estaba muy flaco, de comida y de afecto. Se pegó a mis piernas, instándome a avanzar. Al menos eso es lo que creí. La oscuridad había dejado de ser tan absoluta, pero aun no era suficiente para descubrir donde estaba.
- Hola, ¿hay alguien aquí?
Si lo había no se dignó a contestarme...Seguí avanzando, o retrocediendo o girando... Mi sentido de la orientación nunca fue una de mis virtudes.
Tropecé con algo y faltó poco para perder el equilibrio. Intente ver de que se trataba pero no distinguí nada. Tomé otra dirección para evitarlo. El gato seguía fielmente mis pasos. De pronto imaginé estar en un laberinto, se asemejaba mucho a uno. ¿Cómo salgo de aquí? ¿Podría regresar al ascensor? Y aunque pudiera ¿de qué serviría?
La desesperación empezó a aguijonear mis entrañas, grité con todas mis fuerzas. La única reacción que obtuve fue la del gato, que se pegó aún más a mí. Extrañamente me sentí reconfortada, no estaba sola.
De la nada apareció ante mí una puerta de madera, en forma de arco. Parecía muy antigua. La toque suavemente y se abrió, invitándome. El miedo nuevamente dio señales de vida, encendiendo luces rojas en mi cerebro. Pese a todo entré a esa nada que se abría frente a mí. Parpadeé incrédula.
Ante mi una mujer con el pelo gris,  lacio, cuyas puntas casi rozaban el suelo. Vestía una túnica amarilla. Su piel era el reflejo de los años vividos.
- Adelante, me dijo con una voz que sonaba melodiosa.
No me inspiraba temor, al contrario, solo incredulidad.
Me acerqué con el gato, con quien ya éramos uno.
- ¿Porque tienes tanto miedo?
Me reí ante tan tonta pregunta.
- ¿No es obvio? Me presenté a una entrevista de trabajo, subí a un ascensor que comenzó a bajar y bajar, parecía que nunca se detendría y…
- No me refería a eso, me interrumpió. ¿Porque tienes miedo de vivir?
La miré sin comprender.
¿Quien sos? Le dije en un tono más agresivo del que me hubiera gustado.
Eso no importa, contesta mi pregunta, dijo con autoridad, sin perder la dulzura.
Me quede callada unos instantes, pensando.
- No quiero sufrir – dije, segura que mi respuesta la dejaría satisfecha.
Me equivoqué.
- Ese no es motivo para dejar de vivir, de encontrar un sentido a tu vida. Aun cuando sufras debes seguir. Tus miedos déjalos acá, en este lugar, y vuelve allá, a tu mundo dispuesta a enfrentarlo.

Comprendí en un instante que todo esto no había sido más que un mal sueño.
- Estoy de acuerdo, solo te pido que me dejes llevar conmigo al gato.

El ruido del despertador me sobresaltó. Abrí los ojos mientras me desperezaba. Ahogué un grito al ver un gato negro con un ojo y dos patas manchadas de  blanco que me miraba.

   

miércoles, 31 de octubre de 2012

Un paseo nocturno

Proyecto Adictos a la escritura: Este mes se trata de la festivivdad de Halloween, el relato debe tratar sobre la noche en la que el mundo de los vivos y de los muertos se mezclan. Los antiguos celtas creían que la línea que une a este mundo con el de los muertos se estrechaba con el cambio de estaciones, permitiendo a los espíritus pasar a través de ella.

 

Siempre me hacía bromas, era su pasatiempo favorito. Tenía yo diez años y el quince. No me gustaba Halloween y esa noche salíamos con todos nuestros amigos a la calle. Yo era una niña muy miedosa e insegura y  Joaquín se aprovechaba. A mi hermano le encantaba asustarme en la mitad de la noche con fantasmas, calaveras, ratas muertas y toda suerte de elementos que pudiera conseguir. Por ello mi sueño se había vuelto intranquilo e inquieto. Mis padres me tenían prohibido cerrar mi habitación con llave, nunca entendí por qué y nadie se molestó nunca en explicarlo. Mis gritos atravesaban la noche, como puñales lanzados al vacío cuando en la madrugada mi hermano ingresaba sigilosamente a mi cuarto. A todos les causaban gracia mis temores, menos a mi claro está. En algunas ocasiones hasta había empezado a tartamudear, haciendo las delicias de Joaquín que tenía otro motivo más para burlarse.
Ese 31 de octubre, especialmente oscuro, pareciera que la naturaleza hubiera confabulado en mi contra. La muerte, los muertos, los cadáveres, los espíritus me aterrorizaban, no podía entender que la gente celebrara algo así.
En mi casa prendieron las velas por mis abuelos, encendieron el hogar e inmediatamente después de cenar salimos a buscar a nuestros amigos. Eramos un grupo numeroso, siendo yo la más pequeña y por lo mismo, un blanco fácil para las bromas. No entendia la crueldad de la gente, se divertian a causa de mi terror, y Joaquin era en gran parte el artífice de eso.
En la absoluta oscuridad caminamos por el bosque que rodeaba nuestra casa. Todos hablaban y reian. No imaginé que habían planeado dejarme sola en cuanto tuvieran la oportunidad. Cuando me di cuenta era demasiado tarde. Tal vez estuvieran cerca, espiándome sin hacer ruido. No lo sabía, no podía ver nada. Caminaba a tientas, con las manos extendidas hacia adelante para no chocarme con nada. De pronto algo me rozó, una tela aspera y un olor nauseabundo trepó por mis fosas nasales. Un grito espantoso se escuchó en  la negrura. Era mi grito. Unos brazos me alzaron llevandome casi al vuelo. De pronto el olor se tornó más intenso aún, era lo único que podía percibir. No sé cuánto tiempo pasó hasta que llegamos a un lugar que parecia una cueva, telas de araña se veian en cada espacio libre. Una música muy suave se escuchaba de fondo. Una mujer muy alta, vestida de blanco, pálida y ojerosa se me acercó. No tenia idea de donde estaba, pero por primera vez en mucho tiempo no sentí miedo. Todo lo contrario, me sentía casi feliz, un sentimiento desconocido para mi. Me acarició la cabeza y me sonrió. Su sonrisa iluminó todo el lugar, a pesar de su fealdad. Seguía escuchando esa música envolvente, hasta creo que solo yo la escuchaba, dentro mío.  Otras personas fueron apareciendo, venian a saludarme. Al parecer era una celebridad. Había logrado traspasar la fina línea que separa el mundo de los muertos y los vivos, me tomó unos instantes comprender que estaba rodeada de ánimas. Todos los muertos me miraban con dulzura, me tocaban, me sonreian. ¡Y no tenía miedo!  ¡Era increíble! El lugar se veia tenebroso, las personas eran grises, emanaban un olor penetrante, ácido...El cansancio y la emoción de todo el día estaban empezando a hacer efecto. Me quedé dormida en el regazo de la mujer alta, que me acunaba como un bebé.
 Un ruido metálico me despertó, estaba en un lugar desconocido y extraño, el perfume nauseabundo habia desaparecido...  
Alguien me acariciaba el brazo, miré y vi a mi mamá que lloraba a mi lado. Más allá lo vi a mi papá hablando con un hombre. Y sentado en el piso vi a mi hermano, que sonreia, tal vez imaginando su próxima maldad.
- Mamá... En un instante estuvieron todos alrededor de mi cama, casi empujándose unos a otros.
Me miraban sin saber que decir, se los veía torpes, tal vez asustados...
No dije nada, solo sonreí enigmáticamente. Ellos nunca sabrian que estuve en el mundo de los muertos, y podía entrar a él cuando quisiera...  

domingo, 28 de octubre de 2012

Lluvia



Cristales salpicados de tristeza
gotas que marcan caminos
sinuosos, torcidos…

Mis ojos miran más allá,
posándose en charcos de soledad...
La lluvia trae tu recuerdo
en humedades que empañan
mi mirada.

Coloridos paraguas
encienden la acera
el cielo gris
con mi pena hace juego.

La lluvia trae tu recuerdo
en bocanadas de vapor...

Me haces falta
mucha falta
hoy
mañana
aun cuando salga
el sol.

martes, 16 de octubre de 2012

Despedida






Buenos Aires, 04 de Octubre de 2012



Querida familia:



Siempre le coqueteé, debo admitirlo. Seducido ante su misterio. Añorando la paz que solo ella puede darme. Tuve miedo… hasta hoy. Ahora sé lo quiero, hacia donde me dirijo. ¿Culpas? ¿Remordimientos? ¡Sí! ¡Por supuesto! Aún así sé que estoy haciendo lo correcto, lo único que me queda por hacer.

Durante años me dediqué a darles todo, y más. Viajes, joyas, ropa de las mejores marcas, autos último modelo y todo nuevo capricho que tuvieran. ¿Nunca se les ocurrió pensar como hacía con mi modesto sueldo de empleado bancario? Era más fácil así, no pensar, no preguntar. Sólo recibir y pedir más. Al principio fui prolijo, pequeñas sumas que nadie echaba de menos. Mas ustedes se volvieron más y más demandantes, con una ambición que no tenía limite. Y esa fue justamente mi cruz, el final de una carrera de treinta años de servicio.

No puedo soportar la vergüenza, el rechazo de mis compañeros, las miradas de desprecio de mis padres, incluso ustedes, que no sienten ni siquiera la más mínima culpa de haberme llevado a esto, me miran acusadoramente.

Siempre me pregunte si un suicida era muy valiente o muy cobarde. Valiente para provocar su propia muerte, cobarde por no enfrentar su realidad. Hoy se que no soy valiente ni cobarde, soy simplemente un hombre que se equivocó y no supo decir NO a tiempo.

Los amé y los amo, por eso hice todo lo que hice. Espero algún día sepan comprenderme y puedan perdonarme.

Julio.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Estás


Las letras huyen
en un sinfín de silencios
los sueños exhalan
suspiros al viento.

Ojos tristes
mintiendo sonríen.

Las agujas corren
un tiempo sin nombre
tu imagen atrevida
irrumpe,
derribando cada una,
todas
las barreras.

Imagen: Corazón vida- Patricia Cruzat

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Reencuentro

-¡Hace tanto tiempo que no te veía ! ¡Que lindo encontrarte ! ¡Estás empapada!


-Es cierto... cuanto tiempo paso? ¡Te ves igual!

-No me mientas, me veo en el espejo y se que el tiempo hizo lo suyo, en cambio vos, es como si nada te afectara.

-La verdad es que me cuidan bastante, con jabones y suavizantes especiales.

-¡No me digas ! Que envidia que me das. Lo mio es un verdadero suplicio, a veces estoy días enteros tirada sin que nadie siquiera me mire.

-No pienses en eso, ¡disfruta este dia de sol !

-No puedo ser tan optimista como vos, mirame, ya no soy lo que era. He perdido mi juventud, mi belleza, mi brillo. Y lo peor es que a nadie le importa. Se acerca mi final...

-Por favor, no seas tan dramática.

-Es fácil hablar de dramatismo, cuando a una la cuidan y miman como a vos. Mirá ahi vienen a buscarme. Ya no creo que nos volvamos a ver...