martes, 24 de enero de 2012

Sombras en el alma

Discutimos.

No logramos entendernos.

Reclamos.

Gritos.

Enojo.

Rabia.

Miradas cargadas de odio, de desprecio.

Dolor.... tanto dolor!

Tome mi corazón con ambas manos y te lo entregue.

Me miraste sorprendida.

Te pedí un abrazo.

Dudaste.

Insistí.



Nuestros cuerpos se encontraron, derribando barreras.

Nos despojamos de una sombra, un rencor que nos amargaba el alma.

Reímos y lloramos a la vez.

Haleluia. Venció el amor.

lunes, 23 de enero de 2012

Corazones de nube

Garabateo en la blancura

intentando decir cuanto te quiero

trazo líneas y curvas

expresandote mi corazón.



Estás alli

te grito con mis versos

este amor que me quema

derramandose casi...



Te necesito aqui,

a mi lado

enredarme en tus brazos

respirar al unísono.



Ven conmigo

volemos juntos

pintemos " te quiero"

en las nubes del cielo.

viernes, 20 de enero de 2012

Sueños montados en barrilete

Era tarde. Anochecían sus días. Se había equivocado tanto…Ya no podía remediarlo. Hacía tiempo que la tristeza ocupaba el palco principal de su existencia. Desperdició su vida. El alcohol le arrancó lo más importante que tenía. El lo permitió. No supo hacer otra cosa. ¿Debilidad? ¿Cobardía? En su mente había repasado su vida una y otra vez, como esas películas viejas de proyector, adelante, atrás, pausa, y otra vez atrás. Marta le decía que era muy duro consigo mismo. Es que Marta era demasiado buena, a ella le debía el estar vivo, rescatándolo de ese interminable abismo. Nunca le escuchó un reproche, ni en sus peores momentos. Era como una manta que abrigaba su largo invierno…
Se sentó en el banco de la plaza, un cielo azul lo invitó a  recordar… Se vio a si mismo, muchos años atrás con su hijo, remontando barriletes que ellos mismos habían armado. Herencia del abuelo, le había explicado a su hijo, el me enseñó a mi y yo ahora a vos. Es lo único que le dejó a su hijo, el recuerdo de una infancia feliz. Después desapareció persiguiendo no se que cosa que jamás encontró… Los reproches lo aturdían. Si quiso dejar a Mercedes, ¿por qué dejar también a Martín? Quería a su hijo más que a nada en el mundo, su error había sido no saber separar las cosas. Ahora lo sabía, pero era demasiado tarde para reparar algo…
Volvió a levantar la vista al cielo, maravillado como antes, subyugado por el vuelo de un barrilete que parecía devolver el tiempo atrás. Hasta le parecía escuchar las risas de el y de su hijo.
-Abuelo me ayudas?
Un nene de unos cinco años parecía hablarle desde el pasado, extendiéndole el hilo del barrilete para remontarlo. Unos pasos más atrás estaba su propio hijo, sonriéndole…

miércoles, 18 de enero de 2012

Sueños manchados

Durante el día trabajaba como todos. Decían que era su contribución a la sociedad. No le importaba demasiado.  El no se metía con nadie, y nadie se metía con él. Así estaba bien. No los necesitaba. Día tras día, hora tras hora, hacía lo que de él esperaban. Terminaba su jornada laboral y era "libre". Libre de volver a su espacio. A su mundo. Al suyo propio. Ese que se había creado y donde era totalmente feliz. Era el protagonista. Acostado en la cama frente a esa gran mancha de humedad azul verdosa, que ocupaba gran parte de la pared y se extendía hacia el techo, había desarrollado una gran habilidad. Y la disfrutaba mucho. Encontraba formas, personajes, animales, hilvanando historias donde era de pronto un dragón con largas lengüetas de fuego, otras un caballero medieval dueño de una imponente armadura, un oso  feroz , un valiente capitán al mando de una embarcación imponente, un tímido comerciante, un dulce y tierno niño, un temible corcel... Las historias y personajes no tenían fin. La mancha cambiaba rápidamente, extendiendo el mundo de posibilidades al infinito.
Era feliz. Así, en su mundo privado, íntimo. No precisaba nada más. Soñaba despierto hasta quedarse completa y profundamente dormido. Pasó el tiempo, los meses, los años hasta que le avisaron que su deuda con la sociedad había sido cumplida. Ahora era un hombre libre. ¿Libre? Se sentía inseguro, no sabía muy bien que hacer.
Llegó a su casa, se metió en su habitación. El olor a encierro lo mareó. Se paseó por la habitación nervioso, recordando, revisando, acostumbrándose a su entorno, nuevo y viejo a la vez. Al atardecer se acostó, aún seguía con los horarios estipulados, debía entender que ahora podía irse a dormir a la hora que quisiera. Necesitaba tiempo, acostumbrarse. Se acomodó en la cama. Frente a el una pared grisácea, insulsa, indiferente, ausente, que no lo invitaba a soñar. Su imaginación no podía evocar nada. Paso una hora, y otra  y otra más. El tic tac del reloj lo consumía, lo devoraba como un león hambriento. Imposible relajarse. Imposible dormirse. Esa y todas las noches que siguieron. Se sentía vacío, nervioso, no podía seguir así. Lo consumía una ansiedad desconocida, voraz, casi cruel. No durmió uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis días. La séptima noche no aguantó más. Salió a la calle dispuesto a encontrar el modo de regresar a su celda.

domingo, 15 de enero de 2012

Un Adonis

Martina lo vio y se quedó muda. Sus amigas la miraban extrañadas, se había quedado callada en la mitad de la frase. Claudia siguió la dirección de su distracción, y al instante su mandíbula quedó suspendida en el aire. Finalmente todas se giraron y vieron al mismísimo Adonis. Vistas desde afuera parecían más bien estatuas o maniquíes en una vidriera.
Adonis, un muchacho de rasgos que parecían cincelados, con el cutis tostado por el sol, se acercó al grupo preguntando por alguien. Ninguna pudo emitir palabra, hasta que finalmente Claudia le dijo que preguntara en la secretaría. Al darse media vuelta les guiño un ojo y risas un tanto histéricas inundaron el aire.
Inmediatamente todas comenzaron a hablar a la vez, alborotando hasta los pájaros que dormitaban al sol.
Martina tenía las mejillas encendidas, parecía un durazno apetecible. Claudia estaba tan embelesada como ella, en realidad lo estaban todas.
Adonis regresó, acostumbrado al revuelo que su presencia generaba y se acercó al grupo. Claudia le sonrió insinuante. Pero Adonis se dirigió a Martina, y con una tonta excusa la alejó del resto.
Martina no podía creer su suerte, y en cuanto Adonis comenzó a seducirla sus sentidos se nublaron, entregándose al placer de sus caricias. Se envolvió con la dulzura de sus palabras mientras el la desvestía, se sumergió en sus besos de miel y caramelo, perdió sus sentidos al contacto de su piel, y entregose toda al amparo de nuevas sensaciones que la estremecían.
Volvió a su casa montada en nubes de colores, radiante, feliz, enamorada.
Se veían a diario, a la salida de la escuela, mientras sus amigas, en especial Claudia lanzaba miradas que parecían dardos envenenados.
Pasaron unos meses, y Adonis, así como apareció, se evaporó en el aire.
Martina comenzó a perder brillo, se consumía lentamente, evocando en su mente las palabras que hoy habían perdido todo sentido. Pasadas unas semanas comprendió que estaba embarazada y sintió que el mundo estallaba en mil pedazos. Se sentía tonta, humillada, avergonzada. No quería ver a nadie, ni a sus amigas, atemorizada hasta de si misma, convirtiéndose poco a poco en el carozo de una fruta que uno deshecha sin pensar. Los meses pasaron, haciendo de Martina la sombra de si misma. Se apagaba su vida, a la par que su vientre crecía. No quería a su bebe, le recordaba a diario su torpeza, su ingenuidad, su estupidez. 
En un tibio mes de  enero Martina dio a luz un hermoso bebe que no pudo, no supo o no quiso aferrarse a la vida.

martes, 10 de enero de 2012

Tu y yo

Casi sin saber nos elegimos

miradas que hablaban sin quererlo

una explosión de globos en el aire

nos llenó de color el corazón.



Casi sin querer nos enamoramos

temiendo mucho hacernos daño

caminamos lentamente

hasta que al fin nos encontramos.



Casi sin sentirlo nos amamos

lo gritamos hoy al mundo entero

se encontraron tímidamente nuestras manos

descubriendo a un tiempo el idioma de los besos.



Casi sin pensar nos queremos

un futuro en común nos aguarda

estando juntos ya no hay miedos

el pasado atrás quedó, hoy solo somos

tu y yo.







lunes, 9 de enero de 2012

Palabras al viento

Me envuelvo

en un abrazo imaginario

que me de la calidez que ya no siento.

Estiro mis manos para tocar tu rostro

invisible,

ya sin tiempo.

Susurro palabras al viento

para que las esparza

lejos,

murmuro tu nombre

que no se olvide

invoco tu imagen

que no se borre.

Te abrazo en el aire

frío , ausente

digo en un suave,

débil

murmullo:

feliz cumpleaños

mamá.

sábado, 7 de enero de 2012

Amor sin tiempo


Quiero besar 
tu boca
sumergirme en vos
dejarme llevar...
Volar entre nubes
de pasión y ternura
sentir tu dulce
cosquilleo
recorriéndome
entera.
Quiero dibujarte caricias
de durazno,
sentirte entre suspiros
blancos,
caminar tu piel
con mis dedos.
Hacerme vos
hacernos uno
unidos en alma
y cuerpo.
Atravesando el tiempo
traspasando...

miércoles, 4 de enero de 2012

Conciencia



-¿Que haces loca?

- Perdón no quise...



-¿Ves lo que me haces hacer?
- Jajaja, si, fue muy divertido, ¿no me digas que no?

- ¿Que tuvo de divertido besar a ese hombre?

- Si te hubieras relajado hubieras disfrutado, era un “bombonazo”.

- No se, no me fije.

- Si es lo que yo digo, si seguís así te vas a quedar para vestir santos.

-Seguro que me voy a quedar para vestir santos, pero por tu culpa. La gente ya empezó a creer que estoy loca.

- Y algo de razón tienen...

- ¿Cómo? ¡Que caradura! ¡Sos vos la que me hace hacer esas cosas!

- Si claro, pero las conciencias son inimputables.



lunes, 2 de enero de 2012

Cómo explicarte... explicarme?

Como explicarte

que cuando te veo

solo en tus brazos

quiero acurrucarme.



Como explicarme

que cuando te pienso

solo de tus labios

besos deseo.



Como explicarte

que cuando te escucho

solo con tu voz

quiero arrullarme.



Como explicarte

que cuando te sueño

el mundo es sólo nuestro

y eterno.




domingo, 1 de enero de 2012

Laberinto de incomprensión

Abismo de indiferencia

muralla de tinieblas

infranqueables.

Extiendo mi mano

no encuentro remanso,

laberinto de silencios

espacios vacíos

que muerden rabia

de mutua incomprensión.

Pena que arrasa

que no da respiro

aplasta sin piedad

hundiendome en la oscuridad.

Grito de rabia

tu nombre en mis labios

latiendo con furia

abandonando mi pecho

dejando tan solo

vacio y silencio.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Amor ¿virtual?

El estaba ahí, pendiente. Seguía su estado de ánimo a traves de sus publicaciones, tenía su foto, hurtada del perfil. Vivía historias hilvanadas con retazos, algunos inventados, otros imaginados. Había estudiado sus estados de ánimo, sus expresiones más repetidas, sus gustos... Vivía a traves de ella, del mundo que se había creado junto a su amada virtual. Era un amor que llenaba sus horas de soledad, que iluminaba sus días grises, que le daba un sentido a su solitaria vida. Le hablaba, le contaba sus miedos, sus sueños, y a veces, hasta le parecía que ella le contestaba en sus poesías, en sus historias de ficción. El dejaba mensajes pero siempre con distintos nombres. Temía ser descubierto.
Salía poco de su departamento, la silla de ruedas era un gran impedimento. Una señora lo cuidaba, era casi como su madre. Ella lo miraba y se entristecía al ver su vida consumiendose, apagándose como una vela.
Era un hombre joven, un accidente de auto le había robado las ganas de vivir. Desde que había descubierto el blog de Dana, se sentía más animado, su vida tenía sentido, aunque ella ni siquiera sospechara que el existía.
Una tarde recibió una visita. Era absolutamente inusual, por eso al escuchar voces se acercó a ver quien había venido. Casi se cae de la silla al ver a Dana, su Dana, parada en la puerta.
Ella le sonrió y su corazón dio una vuelta carnera completa en el pecho. Ella se acercó lentamente, mientras iba diciendo uno a uno los sobrenombres que el había utilizado en sus mensajes, al terminar la lista, se agachó quedando frente a frente. Y lo besó.

viernes, 23 de diciembre de 2011

A veces la tristeza...


A veces la tristeza

se pega en tus huesos

navega por tus venas

sin anestesia.

A veces la tristeza

no se desvanece en lágrimas

anida profundo

justo en el centro de tu alma.

A veces la tristeza

no tiene medida

te atrapa en su trampa

sin dejarte salida..

A veces la tristeza

la llevas contigo

metida en el cuerpo

en cada latido.

A veces la tristeza

es tan infinita...

Imagen: Corazón triste de Guillermo Magno

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Libro

Me gusta degustarte
de a sorbitos,
adentrarme lentamente,
fusionarnos.
Ser de a ratos tu heroína
o tu asesina.
A veces lloro,
otras sonrío
me espanto
o me deleito.
Avanzo
sin apuro,
el final
espera siempre.
Al principio
todo por descubrir
 vas tomando
poco a poco sentido.
Entrega mutua
íntima.
Luego
somos amantes,
acariciandote
me sumerjo en tu esencia
no me defraudas,
me transportas
a otros mundos
me regalas tus letras
y tus secretos.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Viaje de estudios

Melina llegó temprano, entró al edificio casi vacío. Estaba excitada, era su primer día, sola, en un país extraño, lejos de casa. Toda una aventura. Cuando el profesor entró un millón de mariposas le atravesaron el cuerpo. Se sintió inmediatamente atraída por ese hombre alto, casi desgarbado, de mirada clara y cabello ensortijado que intentaba permanecer en su sitio pero sin lograrlo. Esto le causó gracia, y su suave risa inundó el aula. Treinta y cinco miradas se posaron a un tiempo en ella, que sonrojada solo vio como el profesor la miraba entre divertido y enojado, sin decir palabra.
La clase terminó, se fueron levantando todos, hasta quedar sólo ella, y él, que la miró, haciéndola contener la respiración, y con un leve movimiento de cabeza a modo de saludo se fue.
Ya en su habitación, con su música preferida de fondo, pensaba en él, mientras escribía su nombre en un cuaderno.
Los días iban sucediéndose casi iguales, a medida que el curso avanzaba, su amor aumentaba.

Martín no podía creer lo que le estaba pasando. Casi no comía ni dormía,  dejó a su novia de toda la vida, cuando Melina irrumpió en su vida, como un soplo de aire fresco. Se sentía vivo, como hacia mucho tiempo no lo estaba, ir a dar clases le daba una alegría nueva cada día, verla a ella, no se engañaba, era lo que hacía toda la diferencia.
Pensaba mil maneras de hablarle, pero tenia miedo que ella no le correspondiera, siempre había sido demasiado tímido, y esta vez no era diferente. Le llevaba unos cuantos años, es cierto, pero no tantos. Cuando terminara el seminario ella volvería a su casa, a su país, debía hablar con ella antes.

El curso terminó. Melina, triste preparaba su equipaje.  Debía regresar a casa. Su corazón le pesaba en el pecho, no pudo hablarle, por más que lo intentó, no pudo decirle a Martín cuanto lo amaba desde el primer día que lo vio. En el vidrio empañado escribió su nombre a modo de despedida. El taxi que la llevaría al aeropuerto ya estaba esperando abajo.
Martín daba vueltas en la casa, como un león enjaulado. Debía hacer algo, El tiempo apremiaba. Sabia que era una locura, pero en un instante decidió ir a buscarla, subió al auto, y manejó a toda velocidad. Su corazón palpitaba al son de la música que sonaba en su interior. Estaba enamorado y había decidido enfrentar su destino.
Martín llegó a tiempo, a tiempo de ver el avión que atravesaba el firmamento, llevándose con el sus sueños desparramados en el cielo. 

viernes, 16 de diciembre de 2011

Caricias

Dejas tu huella
en mi piel
que se eriza
suave camino
 alas de mariposa
lenta, despacio
llegas a destino
detienes tu marcha
me miras
hablando sin hablar
las palabras sobran
nada es necesario decir
manos unidas
acople perfecto
de cuerpos
de almas
de vos
y de mi.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Día gris

Día gris

sin nubes

ni soles

sin lunas

ni amor.



Día gris

vacío

paisaje sin color

ausente

sin voz.



Día gris

frío

silencios

en vano

te espero.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Voy a tomar otro camino

Voy a tomar otro camino

que me aleje de vos

ya nada espero

es tan grande mi desilusión...


Se que el tiempo no cura las heridas,

no todas...

esta quedará abierta

por toda la eternidad.



Voy a tomar otro camino

 casi ni respiro

esperando que entiendas

quien soy.



Decepcionada

de vos

dolor que carcome

no te guardo rencor.



Voy a tomar otro camino

que no tenga tu sombra

se que no intentarás detenerme,

si ni siquiera sabes quien soy.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Esperanza

Me costó bastante reconstruir mi historia, pero necesitaba saber. Tener mi identidad clara, aunque mi vida distara  mucho de ser ideal.
Me crié en un orfanato, y apenas salí, a los diecisiete, comencé a recabar datos, con la poca información que había logrado obtener de  Sor Soledad. Ella me contó que mi madre se llamaba María Laura Muñiz, que vivía en la provincia de Buenos Aires, en el barrio El trébol, y me había dejado allí a la semana de nacer, porque no podía mantenerme. No era mucho, lo sé, pero me las ingenié para viajar a la provincia, y de alguna manera, como si el nombre del barrio fuera un buen presagio, encontré a Lucy, una amiga de mi mamá que contestó todas mis preguntas.
Mi mamá nació en los años 50 en la provincia de Santa Fe, era la  hija de un borracho que solía pegarles a ella y a mi abuela Celia. Para mantenerse ella y a mi mamá tuvo que ejercer la prostitución.  Mi mamá, a los dieciséis puso en un bolsito la poca ropa que tenía y se fue de la casa. Viajó a la provincia de Buenos Aires, con muchos sueños y sin un centavo. Hizo lo único que podía hacer, se hizo puta, con la ilusión de poder algún día hacerle un revés al destino. Cosa que nunca pasó, en algún descuido quedó embarazada de mi,  sin saber por supuesto quien era mi padre, y no quiso abortar, pensando que podría traerle suerte. Pero no necesitó mucho tiempo para comprender que yo era tan solo un estorbo y me dejó en el Orfanato del Socorro, donde me criaron y  educaron.
Mi mamá murió joven, a los cincuenta años, con el cuerpo estropeado tanto como su corazón. Lucy me contó que mi mamá siempre decía que algún día iría a buscarla, murió pronunciando mi nombre: Esperanza.

martes, 6 de diciembre de 2011

Alma que duele


Me duele el alma
cada centímetro
cada silencio
cada segundo
que no te veo,
cada sonrisa
que no tengo.
Me duele saberte
lejos
sin distancia.
Extraña
de mis entrañas.
Me duelen los muros
que te ocultan
el sol que ya no brilla
el frío que me acaricia
el alma que duele.