Lo pensó mucho. La idea le vino así de repente. Y comprendió que era eso lo que debía hacer. No hubo dudas. Solo planear todo, minuciosamente, hasta el último detalle. No podía seguir así, y esto le pareció lo mejor. El riesgo era alto, las consecuencias graves, y en caso de ser descubierta…
Su vida se había convertido en un infierno, gritos, peleas eran el plato de cada día, y ella quería cambiar el menú. Analizó los pros y los contras, y aún cuando la verdad se descubriera decidió que valía la pena.
Esa noche, lo esperó con su deshabillé transparente, y la comida lista. El comió todo, sin siquiera sospechar. Cuando terminó de comer, ella se acercó mimosa, y le susurró al oído, “espero que lo hayas disfrutado, ya que es tu última comida”.